Ver una botella de refresco sobre la mesa es un acto cotidiano, casi automático. Sin embargo, presenciar el instante exacto en que esa botella cobra vida, junto a otras nueve en ese mismo segundo, cambia por completo la perspectiva. Eso es precisamente lo que ocurre al traspasar el umbral de la planta de EMBOL en Santa Cruz, que acaba de inaugurar una experiencia de visitas guiadas para mostrar las entrañas de su maquinaria.
Al caminar junto a las líneas de producción —21 en total— se siente la vibración de la tecnología de punta. El dato de las 10 botellas por segundo deja de ser una cifra abstracta en un papel y se convierte en un despliegue visual impresionante de velocidad y precisión. Es el corazón de una operación que, en silencio, logra abastecer al 94% de la población boliviana con el portafolio de The Coca-Cola Company.
A lo largo de las diferentes estaciones, que abarcan desde los laboratorios de calidad hasta los hangares de distribución, se hace evidente que el verdadero valor de la empresa va mucho más allá de sus fierros y tecnologías. Su cadena de valor se extiende de manera masiva por todo el territorio nacional, llegando a más de 150.000 clientes que dinamizan la economía de barrio en el 75% del país.
Este ecosistema comercial no solo sostiene más de 2.500 empleos directos y 10.000 indirectos, sino que tiene un fuerte rostro social. Durante el trayecto, se destaca el alcance de sus programas de empoderamiento, que ya han transformado la realidad de más de 25.000 mujeres y 15.000 jóvenes mediante capacitaciones y herramientas de desarrollo económico, impulsando el talento local desde las bases.
El recorrido también frena el ritmo para mostrar el compromiso ambiental. En un sector de la planta se detallan las acciones de sostenibilidad aplicadas en el día a día. Destaca la transición energética visible en los techos, donde cerca de 2.000 paneles solares captan la luz cruceña con la meta de alcanzar las cero emisiones para 2035, además de un sistema que logra devolver más del triple del agua utilizada en la producción y procesos certificados bajo la norma “Cero Residuos”.
La visita funciona como un recordatorio del peso específico que tiene la firma, aportando cerca del 1,5% al Producto Interno Bruto nacional. El trayecto concluye con la mirada puesta en el futuro: una proyección de expansión de estas visitas hacia La Paz y Cochabamba, respaldada por un plan de inversión de USD 382 millones hasta el año 2030 para seguir fortaleciendo su infraestructura.
Al salir de la planta y volver al ruido urbano, es imposible mirar una botella de la misma manera. La experiencia de puertas abiertas cumple su cometido: humaniza al gigante industrial y devela el complejo engranaje que une tecnología, ecología y desarrollo social cada vez que alguien, en cualquier rincón del pa{is, destapa una bebida.
Embol estrena visitas guiadas en su planta de Santa Cruz
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