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Belleza y cuidado en la altura

El sol de invierno en La Paz es un peligro invisible para tu piel

Por Susana Gutiérrez

Llega junio a La Paz y nuestro chip mental cambia por completo. Sacamos los abrigos del fondo del clóset, desempolvamos las bufandas y buscamos desesperadamente el lado de la acera donde da el sol para caminar con un poco de calor. Es una verdad universal, el invierno en nuestra ciudad se siente en los huesos.

Pero junto con el frío, llega también un peligroso mito que se repite año tras año en los tocadores de muchas paceñas: «Como está haciendo frío y el cielo a veces se pone gris, hoy no necesito ponerme protector solar».

Grave error. Si vives en La Paz, guardar el protector solar en invierno es el equivalente cosmético a dejar la puerta de tu casa abierta de par en par. Hoy desarmamos el mito de que el sol de invierno es «más suave» y te contamos por qué, en realidad, es tu momento más vulnerable.

La altitud no perdona (y el invierno tampoco)

Para entender por qué el sol paceño es un tema serio, consultamos con el médico Gustavo Zubieta, quien refiere que La Paz está en promedio a 3.600 metros sobre el nivel del mar (y El Alto a más de 4.000). A esta altitud, la atmósfera es mucho más delgada. Esto significa que hay menos filtro natural para detener los rayos ultravioleta (UV), menciona el profesional.

Se calcula que, por cada 1.000 metros de altitud, la radiación UV aumenta entre un 10% y un 12%. Por lo que estamos expuestos a un nivel de radiación significativamente mayor que alguien que vive a nivel del mar, sin importar si es enero o julio. El frío que sientes en las mejillas es un factor térmico, no una medida de la radiación solar. El sol quema y daña exactamente igual, aunque estés temblando de frío.

El combo de invierno: Sequedad extrema + Radiación

El médico comenta que el invierno en La Paz tiene una característica muy particular: es sumamente seco. La humedad ambiental cae en picada, lo que debilita la barrera cutánea de la piel, volviéndola más propensa a descamarse, enrojecerse y agrietarse.

Cuando la piel ya está deshidratada y sensible por el viento helado, y encima recibe el impacto directo de la radiación UV sin protección, el daño se duplica. Es la receta perfecta para el envejecimiento prematuro (líneas de expresión que aparecen «de la nada»), la pérdida de elasticidad y, por supuesto, la aparición de manchas solares que luego cuesta meses revertir.

Estrategia de defensa: SPF 50+ como religión

Tu rutina de belleza invernal no está completa si termina en la crema hidratante. Aquí tienes las reglas de oro para sobrevivir con una piel radiante hasta la primavera:

Elige texturas cremosas: A diferencia del verano, donde buscamos geles o efectos matte, en invierno tu piel agradecerá protectores solares en crema o con ingredientes hidratantes (como el ácido hialurónico) que actúen como un escudo contra el viento seco.

No te olvides del cuello y las manos: Aunque vayas con abrigo, las manos y el cuello quedan expuestos al sol mientras caminas por la ciudad. Son las zonas que primero delatan la edad, ¡protégelas!

La regla de las dos horas: Si trabajas cerca de una ventana, donde entra esa luz invernal maravillosa, o si sales a caminar a la hora del almuerzo, recuerda que el protector solar pierde efectividad. Reaplicarlo al mediodía (ya sea en bruma, polvo o crema con color) es obligatorio.

El sol paceño de invierno es un placer engañoso. Nos encanta sentarnos a tomar un café bajo sus rayos para calentarnos, y está bien que lo disfrutes (¡tu vitamina D lo agradecerá!). Pero hazlo con consciencia.

No dejes que el termómetro te engañe: el frío es real, pero la radiación también. En invierno, que tu mejor accesorio no sea solo esa bufanda hermosa, sino una piel perfectamente protegida.

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