Ciertos grupos exigen la renuncia del presidente Rodrigo Paz, sin tomar en cuenta que ese despropósito quebrantaría la democracia boliviana. Son liderados por quienes simbolizan un pasado desastroso. Además, el hecho no contribuiría a la solución de los problemas más apremiantes del país. Estaríamos lo mismo o peor que ahora. La población requiere certeza y no seguir viviendo sobre ascuas. Quienes exigen esa salida inconstitucional, tampoco ofrecen opciones para solucionar la crisis económica. Parece que solo buscan un cambio de rostro en la presidencia.
Se impone un gobierno constitucional, democrático y electo en las urnas. No representa una acción fraudulenta o golpista. Refleja la voluntad política de once millones de bolivianos. Un gobierno que apenas está empezando su gestión. Quizá con pretensiones de introducir cambios. Habría que darle chance, para que cumpla con su objetivo.
Es reconocido por la comunidad internacional y respaldado por organismos financieros del mundo. El Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que sigue de cerca la situación económica y social del país, ha reiterado, a propósito, su compromiso y acompañamiento, a los esfuerzos orientados a lograr la estabilidad y el desarrollo de Bolivia. El gobierno de Paz es blanco de críticas, de supuestos sabihondos, de los enemigos del Coloso del Norte y de quienes presumen estar en la “brega revolucionaria”. Es sencillo asumir actitud de esa naturaleza, pero otra cosa es con guitarra. Los tiempos, las circunstancias y los actores políticos, cambian. Una cosa es la historia y otra la realidad. La coyuntura que vive el país no es comparable con la época de Añez ni de Goni.
El “salvador”, suponiendo que renuncie Paz, no surgirá con una varita mágica, para revertir de inmediato la crisis económica. Logrará el respaldo de quienes fueron sometidos a un brutal régimen de hambre recientemente. Y de quienes representan la libre empresa. Tomará, en ese contexto, medidas de fondo, para recuperar la estabilidad económica. Abaratará la canasta familiar, como pide la población. Devolverá el poder adquisitivo a sueldos y salarios. A las irrisorias rentas de jubilados. Generará empleo. Obtendrá divisas, para adquirir hidrocarburos, o el pueblo tendrá que esperar, a otro “enviado”, que llegaría cabalgando, sobre los “bloqueadores”.
Nadie, en consecuencia, debería caer en la tentación, de quebrantar la democracia, cuya recuperación costó sangre y vidas. Porque exigir la renuncia del presidente Paz, significa la vulneración del sistema actual. Significa pecar por golpista. Tampoco fijar plazos, para nuevas elecciones. El ejecutivo deberá gobernar, con apego a la ley de leyes.
Las medidas de presión, son armas de doble filo. Pueden ser resonantes o decepcionantes, inclusive, impopulares, debido a los excesos, que son abrumantes. Debido que no contaron el apoyo necesario y el resultado fue frustrante.
En suma: el pueblo boliviano debe ratificar su vocación democrática, para profundizar la convivencia civilizada.
Exigen renuncia de Paz
Severo Cruz Selaez
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