Vivimos tiempos de crisis social e incertidumbre pedagógica en las unidades educativas, debido a los conflictos sociales que vive nuestro país, que ha obligado a las instituciones de formación escolar a cerrar sus puertas y adoptar la modalidad virtual y/o distancia para continuar con las actividades del plan de desarrollo curricular frente a un monitor. Así se priva a los educandos de interactuar con docentes y estudiantes, generando una pérdida de la calidad de aprendizaje, y un retraso en el desarrollo de las habilidades académicas, sociales y emocionales, que con seguridad requerirá un tiempo considerable para recuperar.
Estamos frente a una lesa educación, –entendida como daño que se está ocasionando a la formación continua de los estudiantes– vulnerando el derecho a la educación, consagrada en la Constitución Política del Estado. El aislamiento forzoso está afectando la salud mental de los estudiantes y causa deterioro progresivo de la capacidad de trabajo en equipo, profundizando el rezago y falta de adquisición de competencias fundamentales como lectura comprensiva, razonamiento lógico-matemático y comunicación afectiva, que no será posible lograrlos con la atención educativa a distancia.
A esto se suma la baja calidad de conexión, con cortes frecuentes de internet y porque se necesita equipos tecnológicos de mayor gama para uso de aplicaciones, excluyendo a estudiantes que no cuentan con recursos económicos, provocando ausentismo masivo en las clases virtuales, vulnerando más el derecho a la educación.
La educación presencial para estudiantes en edad escolar será la más pertinente porque facilita un aprendizaje colaborativo, práctico y un excelente desarrollo socioemocional, logrando prácticas relaciones de empatía, participación activa, resolución de problemas de forma compartida, intercambio de experiencias y la construcción de conocimientos mediante la interacción y debate de contenidos.
Es loable una educación presencial y continua para lograr los objetivos de aprendizaje, pero día a día constatamos una lesa educación, un empobrecimiento de la formación escolar. Y para enfrentar este bajo nivel académico, las autoridades del Ministerio de Educación anunciaron que en la presente gestión escolar se cumplirían doscientos días hábiles de trabajo en aula, prohibiendo las actividades extracurriculares no contempladas en el POA institucional (RM 001/2026, artículos 4 y 53), todo para mejorar la calidad educativa del Estado Plurinacional de Bolivia. Pero con mucha pena vemos los educadores, padres de familia, que estos buenos propósitos educativos, con estos conflictos sociales no serán posibles de alcanzar y cada día que pasa va creciendo la perdida crítica de aprendizaje y un déficit preocupante en las habilidades básicas del proceso formativo.
El autor es docente.
