El actual convulsivo movimiento social de masas en el país es de derecha, en todo el sentido de la palabra, algo que se puede confirmar con facilidad. Eso mismo ocurre con las personas que se proclaman sus dirigentes y que, por lo demás, aprovechan de medios de comunicación para decir cualquier clase de falsedades. No menos es la actitud de algunos gobernantes de turno.
El movimiento social está integrado en casi su totalidad por sectores sociales que forman gremios de comerciantes, campesinos, mineros, el lumpen y hasta obreros demagogos que dicen ser parte de sindicatos, sin serlo. Esos sindicatos cada vez están menos formados por obreros, pues el empleo formal está en extinción por negativas políticas de pasados gobiernos del MAS.
En cuanto a aspectos políticos más importantes, esa agitación social no tiene estrategia ni táctica. A lo más, se guía por deseos incumplidos de algunas personas, como Evo Morales y compañía, que también actúan como derechistas. En fin, en este caso, toda la convulsión que se registra en estos días tiene tintes de extrema derecha, es decir fascista.
En efecto, su programa mínimo de acción se basa en el objetivo general que tiene el Movimiento al Socialismo (MAS), presidido por Morales, programa que tiene por meta retroceder a la primitiva comunidad indígena, saltar la etapa capitalista y construir el socialismo, sin tener alguna condición a favor. Es como querer montar a caballo sin tener caballo.
Al mismo tiempo, ese movimiento de masas es caótico, pues carece de partido político, programa de gobierno, objetivos históricos de avanzada y mucho menos las condiciones necesarias para cumplir deseos que son imposibles de realizar, mientras no se cumplan tareas previas como, por ejemplo, una revolución democrática, como anhela el pueblo boliviano.
Toda esa movilización social es, pues, de derecha, por sus características violentas. Otra cosa sería si vieran la realidad, para no sufrir derrotas, y a la vez no hacer enorme daño a la población y a los obreros que dice representar la Central Obrera Boliviana (COB).
De esa manera, lo que ocurre ahora en el país, es acción de derecha. Si se propusiese, en cambio, conseguir la democracia económica que, de momento, es lo único que debe ser de interés de toda la población del país, sería otra cosa. La revolución democrática es lo menos que se puede pedir a estos movimientos sociales y sus dirigentes. Otra cosa es imposible de realizar.
Finalmente, por esas características, el movimiento está condenado a fracasar. Debido a que en su programa el único objetivo que tiene es la renuncia del presidente Paz y volver a imponer políticas populistas que han conducido a Bolivia a un estado de grave crisis. Estaríamos condenados a que se cumpla la idea alienada de que “en el país, todo gobierno malo, está destinado a ser sustituido por otro peor”.
Entre tanto, no se sabe qué quiere el gobierno actual, que confunde política con economía, vale decir lógica con logística.
La derecha es autora de la crisis del país
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