Nuestra gente suele exclamar “por lo menos de algo reiremos”, más aún ante bloqueos de carreteras, de vías urbanas, subida de precios de muchos productos, escasez de combustible, agresiones de marchistas, escaso dinero familiar que se escurre como agua entre los dedos, largas filas para comprar algo, el sitio a La Paz para asfixiar a sus habitantes, y hasta el bajo rendimiento de equipos futboleros nacionales en torneos internacionales, etc.
Entonces los pobladores se reúnen en sitios públicos, para comentar sobre tales circunstancias. Hablan de lo que sucede en el país con otro gobierno acorralado, dizque, por los movimientos sociales; de la carencia de oxígeno, medicamentos y comida, en centros hospitalarios, donde las cirugías programadas van siendo postergadas; la paciencia jobiana de la autoridad ante la violencia de protestantes; los sueldos elevados que se llevan parlamentarios, ministros, personal jerárquico del aparato público, exjefes de Estado con sus rentas vitalicias, mientras los demás deben subsistir con esmirriados sueldos, si es que tienen empleo. Sin embargo, hacen gala del ingenio popular.
Dicho sea de paso, el ciudadano deplora no encontrar ni un plátano en la urbe para llevarse al estómago acompañado de una marraqueta, lo que generalmente se hace para mitigar el hambre. “Eso sí que es matar de hambre a un pueblo, cuando hoy no hallamos ni un banano, y los últimos que habían lo vendían cada 25 en más de cuarenta bolivianos, y después dicen que no son criminales”, protestan. Y advierten que “algunos malos dirigentes ya hablan de elevar el precio del pan y del pasaje en el transporte, queriendo pescar en río revuelto”.
No obstante, luego entre risotadas exclaman que “han encontrado la fórmula para ganar la guerra ante cualquier adversario foráneo”. Se trata, dicen, “en caso de conflagración, que ni Dios lo quiera, enviar en primera fila a los bloqueadores, ya que ellos tienen experiencia y fácilmente pueden permanecer hasta sin comer algunas semanas para contener a los enemigos. En segundo lugar, mandar a los dinamiteros. que también poseen mucha práctica para lanzar cartuchos de dinamita para espantar a todos. En tercer lugar a los bailarines de fraternidades, ya que tienen una resistencia física extraordinaria, por cuanto hacen mucha practica bailando. En cuarto lugar a los choferes, para que cierren todo vía de acceso al enemigo, con sus motorizados y no dejen entrar ni una mosca. En quinto lugar a los que participan en el tinku, pues ellos de un solo “warakazo” harán dormir a todo oponente. En sexto lugar a los “huayqueadores”, dado que son especializados en arrinconar a todo individuo que anda solo y pegarlo. En séptimo lugar a los cacos y mafiosos que son expertos en tumbar muñecos y harán lo mismo en el frente. Al final enviar al ejército regular, de refuerzo. Ganaremos cualquier guerra, con semejantes contingentes humanos”. Claro que es un chiste nomás, de sectores del pueblo.
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