Encrucijada

Severo Cruz Selaez

Bolivia está en la encrucijada, por actitudes incomprensibles. Tenemos a sectores del occidente enguerrillados, buscando exterminar a la población de la sede de Gobierno. Provocando escasez de alimentos, medicamentos, combustibles, en centros de abasto. Es un atentado a la vida, salud y bienestar, con bloqueos, mientras transportistas pasan hambre en carreteras. Con un país paralizado, por tales hechos.
Mientras, el oriente trabaja y produce con normalidad. Prioriza la exportación, que atrae dólares. Genera empleo. Piensa, básicamente, en el futuro de sus hijos. Se esfuerza por construir un país competitivo y con proyección histórica. He ahí dos visiones de país, en la hora presente. Una de ellas simboliza el retroceso y la otra refleja el espíritu progresista.
Algunos radicales intentaron tumbar al gobierno electo en las urnas, mediante medidas de presión devastadoras y de barbarie. Exigieron soluciones para problemas complejos, en una gestión gubernamental de apenas seis meses. Con ese propósito no solo dinamitaron, sino saquearon negocios en la ciudad de La Paz. Pero durante los gobiernos de turno, jamás dijeron esta boca es mía.
Pero, en vez de tumbar al Ejecutivo, tumbaron la imagen democrática del país, en Latinoamérica. Ahuyentaron la inversión extranjera, con hechos que promovieron inestabilidad política. Realidad que despertó la solidaridad de nuestros vecinos más próximos. Unos, como el pueblo argentino, se dignaron enviar aviones Hércules, para trasladar alimentos esenciales a la sede de Gobierno, seriamente damnificada. La República de Chile, concretó el envío de ayuda humanitaria, consistente en dos toneladas de productos básicos, para asistir a la población de la “ciudad Maravilla”, en particular, cercada por el brutal “bloqueo” social, cuya secuela agudiza la escasez de artículos de consumo, por más de veinte días.
En vez de pretender tumbar, o dinamitar al gobierno central, los revoltosos, que generaron excesos en el campo y la ciudad, deberían poner el hombro a Bolivia, despojándose de colores políticos, tendencias ideológicas y creencias religiosas, a fin que la patria tenga crecimiento con desarrollo sostenible, por el bien común.
La coyuntura exige reconciliación, como señal histórica para salvar a Bolivia de su desgarradora situación, que la asfixia política y económicamente. Pero mediante la praxis del diálogo respetuoso y el entendimiento civilizado. Exige deponer posiciones radicales y encaminar acciones de cohesión nacional. Desprendimiento, básicamente, al servicio incondicional de la Patria, golpeada por confusión, intolerancia y tozudez de algunas fracciones. Despojarse de intereses particulares y del cálculo político. Renunciar, en definitiva, a la intransigencia que profundiza el hambre, frena el progreso y disuelve la unidad.
En suma: el país requiere unidad, en la perspectiva de avanzar. Sin paralizar la economía del país, sino movilizando los rubros de exportación e importación.

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