Por Susana Gutiérrez
El mundo entero la vio brillar en el escenario del Miss Universo 2024, llevando el nombre de Bolivia hasta el codiciado Top 12 gracias a su disciplina, elegancia e innegable carisma. Sin embargo, detrás de las luces, las coronas y los reflectores, Juliana Barrientos hoy abraza el título más desafiante, transformador y humano de su vida: el de ser mamá.
En esta edición especial por el 27 de mayo, la soberana boliviana se despoja de las etiquetas de la perfección para abrirnos las puertas de su intimidad. En una charla íntima, profunda y libre de filtros, Juliana -quien además es bioquímica de profesión- nos habla sobre el proceso psicológico de soltar el control, el valor de su herencia familiar tras reunir a cuatro generaciones en una fotografía, y cómo defiende su espacio intelectual frente a una sociedad que insiste en romantizar la maternidad. Una mirada contemporánea, científica y conmovedora sobre lo que significa ser madre y mujer en la Bolivia de hoy.
Reunir a cuatro generaciones en una sola foto es un privilegio hermoso. Al ver el retrato de tu abuela, tu mamá, tú y tu hija, ¿qué es lo primero que se te viene a la mente sobre la fuerza de las mujeres de tu familia?
Reunir a cuatro generaciones en una sola fotografía me hizo pensar en todo lo que las mujeres de mi familia han tenido que atravesar para que hoy nosotras podamos estar aquí. Veo fuerza, resiliencia y amor en distintas etapas de la vida. Mi abuela, mi mamá, yo y mi hija representamos historias diferentes, pero unidas por algo muy poderoso: la capacidad de seguir adelante incluso en los momentos más difíciles. Me hace sentir orgullosa del legado femenino del que vengo y del que ahora quiero construir para mi hija.
Los certámenes de belleza exigen un control absoluto sobre la imagen y la agenda. La maternidad, por el contrario, exige soltar el control. ¿Cómo ha sido para ti ese proceso psicológico de transición?
Los certámenes me enseñaron disciplina, enorgullecerme de mis raíces, y a cumplir mis sueños. La maternidad vino a enseñarme exactamente lo contrario: que no todo se puede controlar y que está bien así. Ha sido un proceso muy profundo porque aprendí a escuchar más mi intuición que las expectativas externas. Hoy entiendo que no necesito verme perfecta para sentirme plena, y creo que esa ha sido una de las transformaciones más humanas y reales de mi vida.
Existe una tendencia social a «romantizar» la maternidad, despojando a la mujer de su dimensión intelectual o profesional. ¿Cómo defiendes tu espacio como bioquímica y figura pública ahora que el rol de madre absorbe tu tiempo?
Creo que muchas veces la sociedad reduce a la mujer únicamente al rol de madre, como si eso automáticamente apagara sus sueños, su intelecto o su profesión. Para mí, ser mamá no reemplaza a la Juliana profesional ni a la mujer de ciencia que soy; simplemente añade otra dimensión a mi identidad. Sigo defendiendo mi espacio profesional porque quiero que mi hija crezca viendo que una mujer puede amar profundamente a su familia y, al mismo tiempo, seguir construyendo sus metas y aportando desde su conocimiento.
Como mujer de ciencia, ¿de qué manera tu profesión te ayudó a procesar el posparto, lejos de los mitos tradicionales?
Mi formación en bioquímica me ayudó muchísimo a entender que el posparto también es un proceso biológico y hormonal muy complejo. A veces las mujeres sienten culpa por no experimentar una maternidad perfecta o por sentirse emocionalmente vulnerables, pero comprender científicamente lo que sucede en el cuerpo me permitió vivirlo con más compasión hacia mí misma. Creo que la información y la salud mental son herramientas fundamentales para acompañar mejor a las madres, lejos de muchos mitos que todavía existen.
El Día de la Madre en Bolivia evoca históricamente el valor y la resistencia (por las Heroínas de la Coronilla). Desde tu perspectiva contemporánea, ¿cuál crees que es la principal batalla que libran las madres bolivianas hoy en día?
Pienso que hoy una de las mayores batallas de las madres bolivianas es sostenerlo todo al mismo tiempo: la maternidad, el trabajo, la estabilidad emocional y muchas veces también la presión social. Hay una exigencia constante de ser fuertes sin permitirse cansarse. Creo que las madres necesitan más redes de apoyo, más empatía y menos juicios. Ser madre no debería significar renunciar a una misma para demostrar amor.
En esta era de sobreexposición digital, ¿dónde marcas la línea que divide tu vida pública de la intimidad de tu bebé?
Creo que en redes sociales es importante recordar que los hijos no eligieron estar expuestos públicamente. Compartir algunos momentos especiales de mi maternidad nace desde el amor y la conexión con las personas que me siguen, pero siempre intento proteger la intimidad y la tranquilidad de mi bebé. Hay experiencias y emociones que prefiero guardar sólo para nosotras, porque no todo tiene que convertirse en contenido.
¿Qué miedos colectivos o generacionales te gustaría romper para que tu hija no tenga que cargarlos en el futuro?
Me gustaría romper el miedo a no ser suficiente, especialmente el que muchas mujeres cargan desde generaciones anteriores. Quiero que mi hija crezca sintiendo que no tiene que demostrar su valor constantemente para merecer amor, respeto o oportunidades. También quisiera romper la idea de que el dolor debe soportarse en silencio. Espero criarla con libertad emocional, seguridad y amor propio.
Entre la Juliana que brilló en Miss Universo y la Juliana que hoy es mamá, ¿cuál es el hilo conductor que permanece intacto en tu esencia?
Creo que el hilo conductor siempre ha sido mi sensibilidad y mi capacidad de perseverar. Tanto en Miss Universo como en esta etapa como mamá, sigo siendo una mujer soñadora, disciplinada y profundamente emocional. Antes brillaba desde una versión más enfocada en metas externas; hoy siento que brillo desde un lugar mucho más auténtico y humano. La maternidad no cambió mi esencia, pero sí la hizo más profunda.
Créditos:
Juliana Barrientos: modelo de Promociones Gloria
Fotos: David Condori
Arreglos florales: Floranet
