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Anarquismo cobista

En términos estrictamente políticos, el estallido de violencia de las llamadas organizaciones sociales, puede ser definida como un brote irracional que, mediante medidas de presión, como marchas de protesta y bloqueos de caminos, demanda atención gubernamental para pedidos sectoriales que van cambiando a medida que se agrava la convulsión social. Así el país queda bloqueado y no puede avanzar hacia una amplia democracia económica, muy lejana de cualquier idea socialista.

Los paros de actividades, marchas y bloqueos de caminos, están destinados al fracaso y, más aún, se vuelcan contra los intereses del pueblo boliviano. Esa agitación carece de condiciones para desarrollarse, así como de los principios necesarios para lograr los objetivos que persigue. En efecto, esa conducta dirigida a lograr conquistas sociales por la fuerza no beneficia a trabajadores, sectores productivos, es decir a la mayoría de la ciudadanía. Al contrario, lo único que producirá será su mayor sufrimiento y mayor atraso del país.

Eso es fácilmente demostrable en la siguiente forma. En primer lugar, ese movimiento social –que más parece de sectores sociales afines al MAS que ha dejado de gobernar y, por ello, aquellos han perdido muchos beneficios económicos–, no tiene objetivos aceptables. Enseguida, no son dirigidos por un partido político con metas claras y sólidas.

La carencia de esas condiciones, lleva a las masas al desastre, porque, además, dirigentes de la Central Obrera Boliviana y sectores afines, no representan los intereses mayoritarios. Esa actitud ciega de aplicar medidas de presión es, más bien, anti obrera, por decir lo menos.

En efecto, la COB no es un partido político y no tiene principios para ello. Ha salido de los límites, es decir, de su labor específica, que es luchar por los intereses de los obreros, no colocarse entre los opositores al actual gobierno de Rodrigo Paz, prestándose a apoyar tácticas del masismo que ha sido relegado del poder.

Tan grave es la actual situación del país, que los dirigentes cobistas no tienen noción de manejo correcto de la economía nacional, sino que actúan según intereses mezquinos y hasta prejuicios de orden racial. Al mismo tiempo, han caído en una especie de enajenación mental, al cambiar sus objetivos de lucha a favor de los obreros, por otro, que es el objetivo político de querer tomar el poder por el simple deseo de sus dirigentes o de algún ser que se cree divino. Tan negativa es su actitud, que muestra ignorancia y servilismo.

Lo cierto es que, sin tener características de partido político, la decadente dirigencia cobista y sus adeptos, quieren tomar el poder e implantar una dictadura sin obreros, con cuentapropistas, “cooperativistas” mineros y campesinos, entre otros. Han olvidado la diferencia entre los objetivos sindicales y los políticos. Sin adecuada orientación, finalmente terminarán actuando contra sus representados, como ocurrió con el cocalero Evo Morales, que dictó medidas drásticas, que son peores que las de Melgarejo, contra los campesinos.

Por esos aspectos y otros, las acciones de fuerza de la decadente COB actual, están destinadas al fracaso.

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