Todo proletario es trabajador, pero no todo trabajador es proletario. Proletario es aquel carente de propiedades que vende lo único que tiene para vivir, su fuerza de trabajo, recibiendo a cambio una contraprestación (salario) de parte del dueño de los medios de producción.
En cambio el trabajador en general es aquel que desarrolla su energía no necesariamente en el círculo industrializado, por ejemplo el profesional de servicios, el artesano, el comerciante minorista o “cuenta propista”, el trabajador intelectual, etc., que puede ser pequeño propietario, tal el caso del trabajador campesino, que es propietario de una parcela de tierra, aspecto que marca una clara diferencia con el proletario; es decir, no todo trabajador es proletario, pero todo proletario es trabajador y la diferencia material entre ambos puede ser grande.
Por ejemplo, el haber básico inicial de un maestro de quinta o cuarta categoría, ronda apenas los Bs 2.500 a Bs 2.700, sin contar pequeños bonos.
En la minería estatal, los trabajadores asalariados de las empresas como Huanuni y Colquiri perciben sueldos que oscilan entre Bs 30.000 y Bs 50.000 mensuales, registrándose casos que superan los Bs 80.000.
Si el proletario lo único que tiene en propiedad es su fuerza el trabajo, en Bolivia el minero ha dejado de ser proletario, es un trabajador de alto nivel de vida, rodeado de todo tipo de confort, lo que lo convierte en gran propietario, ajeno completamente a las lamentables condiciones de vida del resto de los trabajadores.
Otrora el minero era el puntal de las luchas sociales debido a las precarias condiciones en las que desarrollaba su trabajo, cotidianamente con peligro de muerte o de terminar sus días con silicosis, situación objetiva a la que se añadía “la conciencia en sí y para sí” que tenía, debido no solo a su alta formación sindical sino ideológica y política. El minero constituía la respetable vanguardia del movimiento obrero, de ahí que conformaba la dirección de la COB tan admirada en Latinoamérica y el mundo.
Hoy los mineros, no son siquiera la “aristocracia proletaria”, porque sencillamente han dejado de ser proletarios, son trabajadores, con todos los vicios y ambiciones torcidas que tiene cualquier burgués, por lo que han perdido autoridad digna.
La COB que dirigen ha dejado de representar a todos los trabajadores del país, puesto que el 86% de estos está conformada por trabajadores “informales” no adscritos a esa organización y el restante 14% por los “formales”, con lo que carecen de legitimidad social. Forman parte de la nueva oligarquía.
No se puede estar en contra de que los trabajadores ganen mensualmente esos montos salariales de los mineros, por el contrario, lo deseable sería que todos los trabajadores del país ganaran lo que gana un opulento minero.
El autor es jurista.
