La democracia y el sufragio son expresiones casi equivalentes, pero como el sufragio exige pronunciarse entre diversas opciones, supone la organización de partidos políticos; vale decir, que a través del tiempo la democracia ha venido a ser concomitante de los partidos políticos. En otras palabras, la democracia es un sistema dentro del cual se vota, y para que se pueda votar, existen y funcionan diferentes partidos políticos. En Bolivia: ¿Hay partidos políticos en la acepción cabal y técnica del vocablo?
La reflexión sobre la democracia es una tarea de constante estudio y renovación, no se trata de sumar una mayoría para decidir sin importar el criterio de otros y privarles del derecho a pronunciarse. Esa postura no se entiende por democracia; pero no es suficiente que existan partidos políticos y Parlamento, sino que éstos se encuentren a la altura de la responsabilidad histórica. Nada corrompe más a un partido político que quedarse huérfano de ideas y esto exige lucidez para afrontar los distintos desafíos.
La normativa sustantiva y adjetiva electoral requiere ser revisada y dar seguridad jurídica para garantizar la imparcialidad y transparencia, evitando que los actos electorales no sean cuestionados o que el principio de preclusión abra vacíos de injusticia. Es preciso realizar una mirada objetiva y analítica que contribuya a descifrar el claroscuro de diferentes versiones, pues preocupa que se dé de alta a organizaciones políticas que estuvieron observadas por no alcanzar el 3% mínimo de votos; eliminar a candidatos contra reloj y dejar fuera de toda posibilidad a candidatos que aspiran a la segunda vuelta electoral y otros casos.
Empero, no solo serán las disposiciones legales las que resuelvan estos problemas que afectan la institucionalidad, sino también la conducta diáfana, ética e imparcial de los administradores electorales, a fin de coadyuvar a lograr la constitución de organizaciones políticas consistentes que contribuyan a la gobernabilidad.
No se advierte la formación de liderazgos políticos, salvo excepciones, y en ese andar la política suele ser tildada de detestable; quizá porque los partidos políticos no tienen convocatoria, doctrina en las que fundan sus propuestas o porque no existe renovación; porque están en usufructo, alquiler o permuta y el clientelismo gira alrededor del dueño eventual de la marca o patente. Es hora de hablar de la política en serio, de la buena política, de aquella de calidad y conocimiento, de servicio, honestidad y aptitudes. En esta dinámica, es necesario dotar de los instrumentos técnico legales a los partidos políticos, iniciar un nuevo cauce idóneo y metódico, evitando apresurados remiendos, maquillajes o maniobras.
No satisface una mera democracia formal en la que el pueblo es llamado cada cinco años a escoger entre distintos candidatos con partidos políticos prestados, siglas descoloridas con programas improvisados y, después, el ciudadano es relegado hasta una próxima consulta electoral. Es necesario enmendar esta situación con la suficiente claridad para que termine el enredo y se tome la punta del ovillo; con voluntad y dedicación se puede lograr.
Es importante la planificación estratégica en el ámbito socio político para responder a las demandas sociales y económicas, para no ser víctimas permanentes de un futuro sufrido. Nuestro pueblo quiere justicia, participación, trabajo y dignidad, sin renunciar al valor supremo de su libertad, ni caer en la tecnocracia y la sociedad del consumo.
El autor es Docente Universitario Emérito, UMSA.
