El socialismo está siendo extirpado de Latinoamérica. Se imponen nuevos tiempos y nuevos retos. Una actitud que tiende a evitar el retorno de esa tendencia ideológica. La nación que lidera el sistema democrático, en el mundo contemporáneo, no permitirá que vuelvan quienes dieron prioridad a llenar sus bolsillos. Quienes lucraron en nombre de los pobres. A pesar de que los activistas de izquierda anhelan retomar el Poder. “Soñar nada cuesta”, es un dicho. Además, sus patrocinadores, identificados con el Socialismo del Siglo XXI, fueron reducidos por la justicia. Con excepción de uno o dos mandatarios de la región, que aún mantienen su postura política e ideológica. Quizá con algunos titubeos. Pero la inversión extranjera en dichos países, despliega, con todas las garantías, sus actividades.
Bolivia, pese que hay ciertos infiltrados en el ejecutivo, no volverá a ser escenario del socialismo, como en el pasado inmediato. Su retorno está descartado, por ahora. Los responsables del colapso económico, de la elevación del costo de vida y del crecimiento cuantitativo de informales, no retornarán a saborear el “néctar” del Poder. Ellos que usufructuaron del gobierno, por aproximadamente veinte años. Acá no podemos tildar al imperialismo ni a la oligarquía transnacional por la ruina nacional. Ese hecho tiene nombres y apellidos. La historia discierne de ese modo. Acá no hay duda, obviamente.
El cambio que tanto se anhela es un proceso lento, pero será una realidad. Y cuenta con amigos y detractores. Surgirá con triunfos y frustraciones. Con acuerdos y desacuerdos. Con respaldos y rechazos. Con avances y retrocesos. Con dolor y alegría. En consulta con expertos y entendidos de diferentes rubros. No es obra del Espíritu Santo, sino obra de humanos. Tampoco es “monedita de oro para caer bien a todos”. Solo la revolución impuso cambios violentos. Pero el cambio en democracia difiere, en absoluto, con esa práctica. Siempre busca y buscará consensos. Procurará, sobre todas las cosas, preservar la unidad, la integración y el entendimiento, en aras de alcanzar el crecimiento y desarrollo sostenible. Es una tarea difícil, pero no imposible, que se logrará en el sistema vigente desde 1982.
El cambio no se registrará, por lo visto, de manera inmediata. Existen rémoras que evitan su aceleración. Intereses creados que obstruyen su camino. Una coyuntura tan golpeada por la crisis económica. Amenazas de la oposición, con pretender desbaratar tales planes. Hasta se estaría musitando acerca una sustitución gubernamental. Una posibilidad que tendría que ser sometida al debate parlamentario. Acá nadie se hace ni se deshace del gobierno, como en los tiempos dictatoriales. Cambios relevantes no hubo ni en tiempos de la bonanza económica, de la estabilidad económica y de la paz social. Prueba de ello es la realidad tan difícil que se impone en la actualidad.
En suma: Bolivia requiere la compostura y la sensatez de sus políticos para avanzar a puerto seguro.
Está siendo extirpado
Severo Cruz Selaez
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