InicioSeccionesOpiniónLa inconclusa Revolución del 9 de Abril de 1952

La inconclusa Revolución del 9 de Abril de 1952

Luis Antezana Ergueta

La insurrección del pueblo paceño, seguida en todo el país y acaudillada por un partido nacionalista y democrático, el MNR, fue un hecho de importancia en la historia de Bolivia. Convirtió a una colonia feudal en Nación democrática. El Estado colonial feudal fue aniquilado y nació el Estado nacional democrático.
El levantamiento popular fue gestado durante décadas, pasando la propiedad de las minas más ricas de estaño del planeta a propiedad de la Nación y la tierra a manos de los campesinos colonos que formaban el 70 por ciento de la población. La clase media, hasta entonces dependiente de la oligarquía minera, se independizó y se puso al servicio de la Nación y la Democracia.
El suceso de abril de 1952 no fue un golpe de Estado ni motín cuartelero, superando los más optimistas objetivos de sus protagonistas, al hacer añicos al viejo régimen. Y empezó a construir uno nuevo.
Ese hecho histórico duró doce años y fue sustituido por una contrarrevolución en 1964. Pero las consecuencias fueron de significativa importancia. En primer lugar, los protagonistas de la contrarrevolución, que fueron los sucesores del viejo régimen colonial feudal, no devolvieron las minas a los barones del estaño, ni la tierra a los terratenientes feudales, ni fue restituida la explotación de campesinos por el sistema de colonato. Sin saber qué hacer, se limitaron a dar a la nueva nación un régimen neo colonial y neo feudal, de pequeños propietarios de negocios y tierras, con el fin de restaurar, a la larga, el antiguo sistema político económico. Sin embargo, solo alcanzó a ser un aporte sin perspectiva.
Si bien la contrarrevolución de la vacilante y ubicua pequeña burguesía, no devolvió a la vieja oligarquía sus minas y sus tierras y, además, no ha restaurado el Estado feudal colonial, por su desubicación histórica, creó inconscientemente un régimen también pequeño burgués, de miles de pequeños comerciantes que han invadido todo el país.
En esa forma, el Estado de la contrarrevolución no tiene objetivos históricos, mira hacia adelante y hacia atrás y se presta a servir al gobierno de turno, sea de derecha o de izquierda. Lo único que le interesa es enriquecerse, ya sea con la especulación, la corrupción o bien ocupar cargos públicos para obtener ganancias ilícitas.
Y si la población y el Estado tienen esas características, también Bolivia se ha convertido en un país pequeño burgués que, en su máximo grado de descomposición, fue denominado Estado Plurinacional, por el gobierno de un campesino. Es la máxima expresión de la pequeña burguesía que instauró el régimen populista, y puso directamente el Estado al servicio de la pequeña burguesía, que carece de principios, desde estética hasta ética. En particular, esta pequeña burguesía desvió la reforma agraria, de un proceso democrático de amplias perspectivas, a un proceso de pequeños propietarios de tierras. Es más, para acelerar ese método de “reducción de cabezas”, con estilo primitivo, lo primero que ha hecho es quitar a campesinos el derecho de la propiedad de la tierra y la misma tierra (porque el que no puede vender su tierra no es dueño de ella). Los ha obligado a dejar la parcela y el arado, y migrar a las ciudades, al exterior del país, donde deben ser proletarios o engrosar las filas de los desocupados.
Más de dos millones de campesinos indígenas han salido del país y han dejado sin alimentos a las ciudades, donde, por iniciativa de gobiernos populistas, se ha creado el gran contrabando. Los bolivianos solo se alimentan con alimentos de otros países, que ingresan vía contrabando.
Finalmente, se debe subrayar que la Revolución de Abril de1952 no se hubiese podido convertir en revolución socialista debido a que no existía condición económica ni política para ello. Es más, en esa oportunidad solo se podía dar la revolución democrática y nacional, pasando del feudalismo al capitalismo y de la colonia a la nación, como planteó el partido que la acaudilló. Y lo hizo contra los deseos de partidos de izquierda, como PIR, POR y otros seguidores del populismo.

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