InicioSeccionesOpiniónNi sumisos ni títeres: Beni exige dignidad

Ni sumisos ni títeres: Beni exige dignidad

Lavive Yáñez Simon

El pueblo beniano enfrenta una decisión histórica: seguir sometido o ejercer su autonomía con carácter.
El Beni vive hoy las consecuencias de una dirigencia que ha confundido lealtad con sometimiento. Durante años, se ha optado por obedecer antes que defender, por negociar antes que representar y por callar cuando el pueblo necesitaba una voz firme.
Mientras el país avanza en decisiones estratégicas, como el desarrollo del corredor bioceánico, nuestro departamento vuelve a quedar al margen de oportunidades que podrían transformar su economía y su futuro. Frente a esto, el silencio o la distracción de quienes deben representarnos resulta no solo preocupante, sino inaceptable.
No es un hecho aislado. El Censo 2012 dejó una herida abierta cuando se terminó regalando un escaño que le correspondía al Beni, priorizando acuerdos políticos por encima de los derechos de nuestra gente. Ese acto de sumisión no fue menor: significó menos representación, menos fuerza y menos capacidad de incidencia en las decisiones nacionales.
El centralismo no se impone solo desde el poder; también se consolida con la complicidad de autoridades que renuncian a su deber de defender. Cuando no hay carácter, no hay defensa. Cuando no hay voz propia, el pueblo queda relegado.
Pero el Beni no está condenado a repetir esta historia.
Hoy más que nunca, es momento de reflexionar como pueblo. No se trata solo de elegir autoridades, sino de definir qué tipo de liderazgo queremos: uno que negocie nuestros derechos o uno que los defienda con firmeza; uno que obedezca instrucciones o uno que represente con dignidad.
La autonomía no es un discurso, es una práctica. Y exige líderes con convicción, con capacidad y con el coraje de poner al Beni por encima de cualquier interés político o presión externa.
El pueblo beniano tiene hoy la oportunidad de romper con la política de la sumisión y abrir paso a una nueva etapa basada en el carácter, la dignidad y la defensa real de sus intereses.
La decisión es clara: seguir en las sombras del centralismo o levantarse con la fuerza de la dignidad autonómica.
Porque el Beni no necesita tutelaje. Necesita liderazgo.

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