Desde el nacimiento de Bolivia en 1825 hasta la ocupación total del departamento del Litoral en 1879, nuestro país ejerció plena soberanía sobre ese territorio. Esta presencia soberana también se reflejó en la creación de instituciones fundamentales, como la Escuadra Naval (actualmente la Armada Boliviana).
En este contexto, es necesario mencionar algunas de las embarcaciones que formaron parte de la defensa y presencia boliviana en sus costas, entre ellas la “General Sucre”, la “Illimani”, el bergantín “María Luisa”, el cañonero “El Morro” y los vapores “Pacífico” y “Sorata”, estos dos últimos participantes en la Guerra del Pacífico.
A ello se sumó la implementación de los “Uniformes de los capitanes de puerto, guarda-playas y marineros, y asiento del primero en las asistencias”, establecida mediante la resolución del 23 de abril de 1869. De manera general, el entonces prefecto del departamento del Litoral, José Raimundo Taborga, dispuso el cumplimiento de dicha resolución, con el objetivo de que los capitanes de puerto, guardas de registro y marineros se presentasen con traje oficial para recibir a los buques y vapores extranjeros.
En este escenario institucional, la prensa de la época permite rescatar del anonimato a uno de estos guardianes de la costa boliviana: José María Lanza, capitán de puerto y comandante del resguardo. En una nota publicada en el periódico ‘El Caracolino’ y reproducida posteriormente en ‘La Reforma’ de La Paz, el 1 de enero de 1873, Lanza señaló: “Todos en el Litoral saben que desde años atrás sirvo de Capitán de Puerto y Comandante del Resguardado, y que he desempeñado este cargo en los cuatro Puertos que tiene Bolivia. Actualmente estoi encargado de la Capitanía y Comandancia del Resguardo de este Puerto, y tan luego como tuvo lugar el movimiento del cuerpo de guarnición, me pareció prudente escusarme de toda intervención: pero mui pronto en junta de ciudadanos, fue encargado de la Prefectura el señor Juan Saez, en su calidad de Presidente de la Municipalidad con la espresa calificación de que aquel acto no participaba de carácter político, y aun cuando ante él hice mi renuncia de palabra, me estímuló a continuar con el cargo, puesto que la Prefectura reconocía la Autoridad Suprema establecida en La Paz. Nada me parecía más natural y patriótico que colaborar al sostenimiento del orden en este sentido; porque conozco bien, que mi deber aconsejado por mis convicciones, es ponerme al servicio del Gobierno legalmente establecido, en homenaje y respeto a las instituciones y de ningún modo a las aspiraciones de banderío político”.
De este modo, testimonios como el del capitán de Puerto José María Lanza permiten recordar que el Litoral boliviano no fue solo un espacio geográfico, sino un territorio donde el Estado boliviano ejerció plenamente su autoridad e instituciones.
Un capitán de puerto en la costa boliviana
José E. Pradel B.
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