InicioSeccionesOpiniónDeslealtad en política

Deslealtad en política

Severo Cruz Selaez

Actitudes desleales empañaron el escenario político nacional. Que contaminaron a quienes hasta hace poco eran leales a un proyecto y a una causa. A un líder, en particular. Hoy se desmarcaron de tales propósitos y se convirtieron en elementos erráticos. En el incordio del momento histórico. Descargaron su artillería verbal contra diestra y siniestra, sin sentido ni objetivo definido. Parece que el afán fue vender humo, a grupos de incautos. Han perdido coherencia en el discurso y el rumbo que se habían trazado. Han perdido credibilidad política, lo que les provocó un serio desgaste. Sus bases de sustentación se han erosionado. En una democracia que había sido recuperada, para trabajar por el desarrollo del país, en unidad.
Todo ello refleja el “olañetismo”, de nuestros tiempos. Fenómeno político muy cuestionado, en los albores de la República. Cuando Bolivia surgía con una extensión territorial de tres millones de kilómetros cuadrados y una población estimada en un millón y medio de habitantes. Entonces el “olañetismo” hizo de las suyas. Puso en la cresta de las discusiones a un apellido: Olañeta. Con la expresión despectiva de “olañetismo”, se quiso referir a las actitudes de transfugio e inconsecuencia, de engaño y versatilidad, en el quehacer político. Hoy tales hechos se repiten, echando sombras sobre dicha actividad. Significan un retroceso, en pleno Siglo XXI. Quienes han incurrido en “olañetismo”, son falsos, desleales, traidores e infidentes. Éstos solo destruyen y no son fiables.
Ese resabio no se ha disipado, pese al transcurso de los años. Resurge con nuevos rostros y nuevos actores. Con un nuevo lenguaje y nuevas actitudes. Pese a que la Patria celebró, en la gestión anterior, su bicentenario de fundación. Pese a que estamos en los umbrales del Siglo XXI, que conlleva revolución digital y convergencia tecnológica. Pese a que hubo un hito revolucionario de profundas transformaciones. Pese a que pasó la dictadura, con la recuperación de la democracia. Pese a que se ha experimentado una bonanza económica, cuyos recursos se esfumaron en manos irresponsables. A pesar de los cambios registrados bajo la batuta de gobernantes responsables, visionarios e innovadores. Autoridades que tenían profunda vocación de servicio a la Patria.
Existen, en la coyuntura, “políticos de la peor calaña”, sin orientación ideológica, sin ética ni principios. Que carecen de una visión de Estado. Con un comportamiento infantil y oportunista. Con una conducta personal cuestionable. Con un carácter errante y falto de coherencia. Egocéntricos. Que engatusan, sin temor alguno. Individuos de la hipocresía, de la falsedad y la duplicidad. Que dicen una cosa y hacen otra. Que sostienen ser leales, pero que en la práctica no son tales. Cambian de postura, de acuerdo a sus intereses. Según la audiencia que los escucha. Anteponen sus conveniencias sectoriales.
En suma: estos elementos han devaluado hoy el quehacer político.

Artículo anterior
Artículo siguiente
ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES