Una definición, hasta cierto punto lírica, dice que “un partido político es una organización estable de ciudadanos con ideologías e intereses afines, cuyo objetivo es alcanzar, ejercer o influir en el poder público mediante procesos electorales”. Actúan como intermediarios entre la sociedad y el Estado, canalizando demandas ciudadanas y presentando candidatos para ocupar cargos de elección popular. Añaden que los partidos se rigen por documentos básicos (principios, estatutos) que definen su visión de país y programa de gobierno. Compiten por el voto popular para ocupar cargos públicos, siendo entidades fundamentales en la democracia. Cuentan con una organización permanente y permiten la afiliación libre e individual de los ciudadanos. Son reconocidos por la ley (constituciones) para organizar la participación ciudadana y contribuir a la representación nacional, y funcionan como puente, transmitiendo intereses de la población y formando la opinión pública. En resumen, finalizan, “los partidos políticos son los principales actores organizados que compiten por el poder en los sistemas democráticos, promoviendo la participación y la representación social”.
Para comenzar, aquello de que es una organización estable de ciudadanos, sobre todo en las últimas décadas, es algo que no se ajusta a la realidad, y según muchos, menos a la verdad, puesto que en algunos casos, apenas unos cuantos conservan una “sigla”, que tal como se observó luego, es objeto de “transacciones”, al acercarse procesos electorales. Que realicen asambleas o convenciones departamentales de militantes, en forma anual por lo menos, como quizá señalen sus principios, es nada más que pedir peras al olmo, peor si se trata del nivel nacional. Es cierto que son entidades fundamentales de la democracia, pero en otros países y no en el nuestro, donde, dice la gente, se los toma cual si fuesen un negocio.
También se comenta que son como puente, transmitiendo intereses de la población, lo que tampoco viene a ser cierto cabalmente, pues esa premisa, en nuestro país, no se cumple, puesto que, ante todo, primero, están los intereses de los pocos detentadores del “instrumento político”. Bien se dice, desde hace rato, que en Bolivia solo hay “taxi partidos” y hasta “motopartidos”, que difieren diametralmente de los verdaderos partidos que sí existían hasta hace algunas décadas.
Quizá lo más atinado de la definición sea: “los partidos políticos son los principales actores organizados que compiten por el poder en los sistemas democráticos”. Por supuesto que en nuestro medio esto es cumplido a raja tabla, así no se trate de verdaderos partidos que realmente estén conformados como las leyes mandan. El tratar de llegar al poder, así sea como furgón de cola, es de las premisas y fines de estas agrupaciones de “amigos”. En fin, por ello preguntan muchos ciudadanos: ¿hay partidos políticos en Bolivia?
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