La Aduana Nacional activa una reforma integral para optimizar la calidad de su trabajo. La propuesta está diseñada a partir de la modernización tecnológica, agilización de trámites y una purga institucional bajo una política de “tolerancia cero” a la corrupción.
El presidente de la Aduana, Alberto Soto de la Vía, aseguró que la actual transformación del sistema no solo apunta a restaurar la confianza institucional, sino a consolidar las aduanas como un pilar estratégico para el desarrollo del país.
Para el titular de esa cartera de estado, la transformación de la Aduana no es opcional, sino una necesidad de Estado. A solo sesenta días de haber asumido el mando, el ejecutivo aseguró que la institución se encamina hacia un cambio de fondo, respaldado por un compromiso político al más alto nivel con el Ejecutivo.
Para Soto de la Vía, la transformación de la Aduana no es opcional, sino una necesidad del Estado. A solo sesenta días de haber asumido el mando, el ejecutivo aseguró que la institución se encamina hacia un cambio de fondo, respaldado por un compromiso político al más alto nivel con el Ejecutivo.
Ante el desgaste del modelo actual, la autoridad presentó una reforma que busca sanear la relación de la institución con la sociedad. El objetivo es claro: reconstruir los puentes de confianza con los sectores operativos a través de una gestión de ‘puertas abiertas’ y resultados medibles. No se trata solo de optimizar procesos; el desafío de fondo es una reingeniería cultural interna donde la integridad deje de ser un eslogan para convertirse en la norma de conducta en cada jerarquía de la institución.
Con el objetivo de dinamizar el comercio exterior y agilizar los flujos logísticos, el titular de la Aduana anunció el inicio de una convocatoria nacional para la incorporación de nuevo personal especializado. Esta medida busca dotar de mayor “músculo” a las administraciones regionales, identificadas hoy como puntos críticos. Según la autoridad, el fortalecimiento del capital humano es el pilar que permitirá sostener la reforma estructural del organismo, atacando directamente los cuellos de botella que ralentizan el despacho de mercancías y optimizando los tiempos de respuesta ante los usuarios.
La autoridad no es un recién llegado al sector; su visión se forjó en el terreno, desde la base de una agencia despachante familiar. Ese conocimiento empírico se consolidó en la esfera pública al ser protagonista de la primera reforma normativa del país, colaborando con Amparo Ballivian en la histórica transición del Decreto Supremo 24440 hacia la Ley General de Aduanas. Con este bagaje, asegura poseer el rigor técnico necesario para liderar una modernización estructural que no sea solo de forma, sino de fondo.
El corazón de esta transformación radica en una nueva arquitectura digital: una base de datos centralizada que funcionará como el núcleo inteligente del sistema. Esta infraestructura permitirá el pago anticipado de tributos, agilizando el despacho antes incluso de que la mercancía toque puerto. Además, la integración de Inteligencia Artificial (IA) marcará un hito en la fiscalización, al automatizar la validación de precios declarados y detectar anomalías en tiempo real, optimizando así los tiempos de aduana.
El nuevo modelo de gestión aduanera apuesta por la agilización del comercio exterior: si la declaración de mercancías y los valores declarados son exactos, el trámite accederá automáticamente al canal verde. Según la autoridad, este mecanismo busca erradicar la discrecionalidad en las inspecciones, eliminando espacios para prácticas extorsivas. “El sistema ahora se cimenta en la transparencia y el principio de buena fe”, enfatizó.
La Aduana va por una reforma histórica, actualizar una estructura tributaria que no se ha tocado en 30 años. Según confirmaron fuentes oficiales, la propuesta apunta a una flexibilización de los impuestos para dinamizar el sector. Con esta medida, la institución pretende resolver dos temas pendientes: mejorar la competitividad de los negocios y atraer a miles de comerciantes a la formalidad, ensanchando así la base de contribuyentes del país.
No se trata solo de números, sino de oportunidades. Un sistema equitativo permite que el comerciante promedio finalmente cruce el umbral hacia el financiamiento bancario, dejando atrás la precariedad. Esta transición es el incentivo más potente para la formalización. Al final del camino, el Estado también cosecha los frutos: una economía más transparente se traduce, inevitablemente, en un incremento sostenido de los ingresos públicos y una base fiscal más sólida.
El Ejecutivo redefine su estrategia frente a la Aduana Nacional. Luego de haber calificado a la institución como un instrumento de extorsión y proponer su disolución durante la campaña, el presidente Paz Pereira descartó el cierre definitivo de la entidad. Desde Oruro, el jefe de Estado precisó que el objetivo ahora es una intervención integral, señalando que la Aduana debe ser “volteada” —reorganizada por completo— en lugar de ser suprimida del aparato estatal.
PIE DE FOTO: FUENTE: RRSS
