El imperativo de la coyuntura es la apertura económica, que signifique el retorno de la inversión privada. Lo que no se hizo en los últimos veinte años. Lo que se hizo es expulsarla en el marco de un Estado ideologizado. Ahora nos toca construir puentes de entendimiento público – privado. Entonces tendremos la posibilidad, de reconstruir el país que está en ruinas. De clausurar, en definitiva, la “cloaca”, que nos dejaron los gobiernos de turno. Hay inversionistas que creen en Bolivia y que estarían dispuestos a poner de su parte. Pero que sea observando principios de equidad. En consulta con los altos intereses nacionales. Ratificando, ante todo, seguridad jurídica.
Quienes se opusieron a la apertura económica, son los incondicionales del Socialismo del Siglo XXI, tendencia política en decadencia, cuyo líder guarda detención en territorio ajeno. Propensos a estatizar todo esfuerzo e inquietud empresarial. Ellos, durante dos décadas, pusieron cortapisas a dicha actividad que generó empleo. Violentaron la propiedad privada, con intervenciones y avasallamientos. Con la debida aquiescencia de los que administraban la cosa pública. Todas estas acciones han reflejado los objetivos de “la lucha de clases” que se postula en el “Manifiesto Comunista”. Actuaron en nombre de los pobres y resultaron siendo los nuevos ricos. Se han enriquecido percibiendo elevados haberes, o mediante la corrupción, mientras los ciudadanos de a pie sobrevivían con cacerolas vacías.
La defensa de los recursos naturales fue manipulada por intereses creados, en todos los tiempos. Cuando las circunstancias se prestaban para ello. Algunos políticos, oportunistas e inescrupulosos, recurrieron a tan manido discurso, con el fin de promocionar su desgastada imagen. Enarbolaron tales banderas, pero no cuestionaron, ni cuestionan, a los súbditos de una conocida nación asiática, que, en connivencia con bolivianos ávidos de amasar fortuna, saquearon los recursos auríferos. Jamás se pronunciaron en defensa de esos recursos naturales ni de los supremos intereses del país. Fueron tolerantes y cómplices de tales hechos, en los últimos 20 años. He ahí un capítulo del saqueo que se inscribe en nuestra historia económica.
Solo la apertura económica nos permitirá, avanzar hacia un futuro mejor. Que la inversión nacional y foránea asuma, en ese entendido, con responsabilidad los retos, en este nuevo ciclo de la actividad económica del país. De cara a la historia y al pueblo boliviano. Con transparencia y sin cartas bajo la manga. Acá no serán toleradas actitudes lesivas contra los altos intereses nacionales. Requerimos que los inversionistas reactiven la economía nacional, tan devastada por los gobiernos de tinte socialista. Será necesaria, en este decisivo proceso de apertura económica, la fiscalización de las instancias respectivas. Y que no se permitan señales leoninas.
En suma: los bolivianos estamos conscientes de que la apertura económica nos permitirá construir un desarrollo sostenible, con miras al venidero. En bien, particularmente, de quienes vienen detrás de nosotros.
El imperativo de la coyuntura
Severo Cruz Selaez
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