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El Estado tranca

Eric L. Cárdenas del Castillo

La Ciencia Política define al Estado como la sociedad política y jurídicamente organizada, es decir la sociedad sometida al poder y a las leyes. El Estado para cumplir su principal finalidad de buscar el bien común, está conformado por instituciones públicas y privadas, las públicas son las que están dirigidas a servir exclusivamente a los fines del Estado, para funcionar tienen a individuos que son su burocracia.
El presidente recientemente posesionado, en su campaña electoral, utilizó la “idea fuerza” de superar el “Estado tranca”, es decir una estructura estatal pesada que, lejos de facilitar el desarrollo y bienestar de la sociedad, es una tranca pesada en sus normas y procedimientos que han sido creados por esa burocracia estatal señalada de “indolente y satisfecha” y, en los tiempos actuales, en buena medida de corrupta.
Son precisamente las instituciones y burocracia estatal, la que en su proceder resulta una pesadez para el usuario y demandante de servicios, que resultan un factor de pesadumbre, que importa uno de los factores del atraso en el que nos desenvolvemos como sociedad.
Sin embargo, esta característica del Estado, parece haber nacido con él, así el ciudadano Epifanio Aramayo, escribió en un folleto lo siguiente: “Cualquier boliviano que trate de plantear un proyecto, de realizar una empresa o de importar una industria cualquiera, tendrá bien pronto que abandonarlo todo, porque todo estará contra sí, siendo el resultado de esto, que jamás saldremos de nuestra lamentable situación de mendigos (…). Oruro febrero 10 de 1863 (Reproducido en la colección de folletos del periódico Hoy).
Como vemos ya hace dos siglos la pesadez del Estado, significaba una rémora a la iniciativa de quienes intentaban emprender alguna industria o emprendimiento, lo que en este tiempo seguramente se ha agudizado, y es que son precisamente las instituciones públicas y sus funcionarios, que han creado normativas que espantan y atrasan los emprendimientos de los ciudadanos. Este proceder responde a la excesiva mentalidad estatista de la gente, que cree que el Estado lo es todo y es un organismo que debe precautelar las riquezas naturales y no naturales, cuando somos los pobladores el fin del Estado, a cuyo servicio debe estar.
El estatismo es tal, que todos quieren ser funcionarios estatales, prueba de ellos es que para las elecciones de gobiernos subnacionales (gobernaciones y alcaldías), se han presentado cerca de 35 mil candidatos, lo que importa también la profunda crisis social en la que vivimos, donde el desempleo es un reflejo de la crisis económica, además de la actividad informal de cerca del 80% de la población económicamente activa. Vivir del Estado es vivir de los recursos de todos los ciudadanos.
La mentalidad estatista impregnada en los sindicatos y sus dirigentes, en algunos sectores académicos y en sectores populares de la sociedad, debe ser superada en procura de promover una sociedad de emprendedores y productores, con iniciativa propia, a quienes se les debe dar, desde el gobierno del Estado, todas las facilidades, en especial cambiando las instituciones públicas que son las trancas, como Impuestos Nacionales, Aduana y otras.
La administración de justicia es otra institución retardataria, pues el conocimiento y juzgamiento de las causas dura años y está impregnada de corrupción (salvadas las excepciones). Una justicia proba y oportuna, promueve confianza en los emprendedores y garantiza el derecho a la propiedad, que es uno de los principios de una sociedad libre. Además, el gobierno del Estado debe garantizar derechos ciudadanos fundamentales, como el libre tránsito en las vías públicas, el orden y la paz social, que son objetivos del Estado y derechos de los ciudadanos que viven en sociedad.
El gobierno del Estado, que es el administrador de los intereses colectivos, debe ser un gobierno inteligente, probo y fundamentalmente con voluntad de servir a los individuos y no servirse del poder temporal que se le ha otorgado por la voluntad popular.
Es el tiempo de cambios, luego de dos décadas de un régimen populista, que ha dejado en casi ruinas a la economía y la sociedad, y para ello el nuevo gobierno debe ponerse a la altura de la emergencia histórica.

El autor es Abogado, Politólogo, escritor y docente universitario.

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