Sin dudas, las noticias de hoy están enfocadas en la posible ruptura entre el presidente Rodrigo Paz y el vicepresidente Edmand Lara. Antes de la segunda vuelta, fueron muchos los que advirtieron la “fragilidad” del binomio e incluso afirmaron que, de llegar a ser electo Rodrigo Paz, haría todo lo posible Lara para derrocarlo.
En lo personal, lo que más me llamó la atención del binomio ganador fue su particular forma de hacer campaña. Rodrigo Paz hizo campaña por su lado, lo mismo Edmand Lara, pero de cierta forma se complementaban. Paz mostraba un tono diplomático frente a los medios y LIBRE, mientras que Lara adoptaba una postura agresiva. Cada uno fue “por su lado”, adoptando posturas diferentes, pero de cierta forma esto le sirvió ampliamente al binomio y logró una complementariedad más que llamativa. Algo que no podría decirse, por ejemplo, del binomio de LIBRE, en donde Juan Velasco era un mero accesorio.
Creo que la ruptura se da principalmente por tres grandes factores. El primero, ligado a la creación del Viceministerio de coordinación legislativa. El segundo, ligado a la repartición de cargos dentro del ejecutivo, por una parte “privando” a Lara del control del Ministerio de Justicia, pero también por el nombramiento de múltiples personas ligadas a Samuel Doria Medina o que estuvieron dentro del gobierno de Jeanine Añez. Finalmente, la polémica actitud de Lara y sus críticas a todo lo que hace el presidente.
Todos estos factores nos han llevado a una situación tensa, la cual no es buena para nuestro país, peor en una época de crisis. Bolivia necesita un gobierno fuerte para poder combatir la crisis de manera idónea, pero también para no caer en manos de organizaciones sociales que solo buscan desestabilizar el país.
Tanto Paz como Lara cuentan ambos con sus respectivas armas y ventajas, el uno del otro. El presidente Paz cuenta con el apoyo de múltiples agrupaciones políticas y, por ende, con gobernabilidad legislativa, algo que es fundamental en estos tiempos. Por su parte, Lara cuenta con el respaldo de las clases populares y su aporte para evitar convulsiones puede ser de gran utilidad en ciertos momentos complejos.
A diferencia de otros, no creo que una ruptura tan prematura sea buena, peor en una situación donde lo que se necesita es tanto gobernabilidad legislativa como apoyo en las calles. La clave en 1985 para estabilizar el país fue la buena voluntad del General Banzer apoyando al gobierno a través del pacto por la democracia.
Lara y Paz deben sentarse a resolver sus diferencias, pues ambos son necesarios para contar con un gobierno fuerte. Porque antes de las vendettas personales o las peleas internas, debe primar el bien de Bolivia y de los bolivianos, que actualmente están en una situación compleja. La tarea principal es estabilizar el país y retornar a una senda de crecimiento.
Ambos deberían sentarse y conversar de manera extensa, llegando a un acuerdo a favor de Bolivia, y una vez que se hayan realizado las medidas de shock necesarias para estabilizar el país y modificado las principales leyes, recién podrían ambos llegar a una ruptura. Si bien Paz es el presidente, que Lara se convierta en su principal oposición dentro del mismo ejecutivo sería algo atroz para el futuro del país.
Durante la gestión del presidente Siles Zuazo, este no solo tuvo que lidiar con una oposición “mala leche”, como la liderada por Víctor Paz, que con tal de volver al poder era capaz de llevar a la situación económica a un estado crítico, sino también con la nula colaboración de Jaime Paz en su rol de vicepresidente y el MIR siendo parte fundamental del gobierno de la UDP. Estos factores y la falta de buenas políticas de Siles llevaron a Bolivia a la hecatombe total.
No son tiempos de disputas internas, sino de unidad para estabilizar el país. Las crisis son vencidas con gobiernos fuertes.
Fabianfreirel060901@gmail.com
