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El género del terror como puerta a la lectura

Nancy Mamani Laruta

Fomentar el hábito de leer en estudiantes es uno de los principales objetivos en el ámbito educativo, pero también es uno de los más difíciles de lograr. En medio de una era la cual está siendo dominada por medio de tecnologías y pantallas, los libros muchas veces son vistos como poco atractivos, anticuados o poco interesantes. Sin embargo, ante todo esto, existe un género que ha logrado mantener su atractivo incluso entre los jóvenes estudiantes: el terror, este tipo de literatura, la cual según Laureano, (2024) se caracteriza “por su capacidad para provocar miedo, ansiedad y en algunos casos, repulsión en el lector o espectador”, ha comenzado a ganar terreno como estrategia alternativa para acercar a los jóvenes al placer de leer.
Historias intensas, misterios y tramas escalofriantes logran captar la atención de quienes antes se mostraban indiferentes a los libros. En las unidades educativas, su impacto ha comenzado a ser reconocido como una herramienta válida para motivar la lectura. El miedo cuando se presenta en la literatura puede convertirse en una poderosa puerta de entrada a la lectura.
El terror como género literario, despierta emociones profundas y genuinas: ansiedad, emoción, expectativa, curiosidad. Estas emociones lejos de alejar al lector lo atrapan. La posibilidad de sentir miedo desde la seguridad de un libro genera un vínculo especial con la narrativa. Autores como Stephen King, H.P. Lovecraft o Edgar Allan Poe con obras como It, Carrie, La niebla o El resplandor, han logrado que miles de jóvenes se acerquen por primera vez a un libro por pura curiosidad y se queden por el placer de seguir leyendo. En el caso de los estudiantes, estos textos presentan una ruptura con la lectura tradicional, que en muchas ocasiones no suelen conectar con sus gustos e intereses.
En las unidades educativas donde han sido incorporadas lecturas de terror, los resultados han sido positivos. Los estudiantes que antes no completaron una lectura asignada, ahora lo hacen con entusiasmo cuando el contenido es emocionante, el secreto está en la conexión emocional: el miedo es una experiencia humana compartida, y al vivirlo a través de los personajes los estudiantes sienten que sus emociones también tienen un espacio en la Unidad Educativa.
Así mismo, el terror literario permite trabajar temas complejos de manera simbólica, el monstruo puede representar el acoso escolar, la oscuridad puede simbolizar la ignorancia o el dolor. Estas lecturas invitan a interpretar y analizar, desarrollando el pensamiento crítico, también fomenta la creatividad ya que muchos estudiantes se animan a escribir sus propias obras e historias, fomentando la escritura.
Desde la perspectiva del maestro, el reto está en seleccionar lecturas adecuadas al nivel y edad de los estudiantes, pues existen cuentos cortos, novelas, mitos, leyendas y adaptaciones que pueden usarse como puntos de partida donde se puede combinar la lectura con actividades como representaciones teatrales, debates, o producción de relatos, actividades donde se pueda fomentar a la lectura y que esta sea atractiva para los estudiantes.
El terror literario ha demostrado ser mucho más que un género de entretenimiento, su capacidad de enganchar emocionalmente y desarrollar competencias lectoras lo convierte en una herramienta pedagógica valiosa. Leer con miedo puede ser, paradójicamente, una de las formas más placenteras de aprender, por tanto, abrir las puertas del aula a este género no es solamente una propuesta innovadora, sino una apuesta efectiva para fomentar la lectura.

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