Bien ha dicho un historiador que la historia se repite, pero que la primera vez es como tragedia y la segunda como comedia. Sin embargo, revisando la historia de Bolivia, la primera vez es una tragedia y la segunda es una tragedia peor o una nueva comedia. Dicha sentencia es aplicable para la política boliviana de los tiempos del tirano Mariano Melgarejo, que hizo añicos al país. En efecto, en los últimos dos decenios, Bolivia cae en el abismo y, por tanto, se encuentra hoy ante las puertas de salir de la frustración y pasar a los amplios caminos de la democracia.
En efecto, el país casi siempre vivió un estado de tragedia, excepto en los gobiernos militares de Simón Bolívar, Andrés Santa Cruz e Isidoro Belzu. Después quedamos en garras de la decadencia, pobreza y tiranías, en la mayor parte de los gobiernos que se sucedieron. Pero, en particular, en el que está terminando y que duró veinte años, el mismo que gozo del tiempo de las vacas gordas; sin embargo, por su incapacidad, precipitó a Bolivia en el desastre, empuñando el sable destructor del izquierdismo.
En esta tragedia, si bien el gobierno “evista” gozó de una bonanza económica por los altos precios de materias primas, las reservas monetarias las despilfarró, dejando al pueblo boliviano en la pobreza y al Estado dependiente de préstamos externos. Por ello, el gobierno que vendrá en noviembre no tendrá suficientes divisas para atender múltiples necesidades. Y el único medio para conseguirlas sería pedir créditos extranjeros que harán de Bolivia más dependiente. Hasta el momento, al parecer no se conoce otra fórmula para salir del embrollo.
Esa falta de soluciones se debe a que los políticos vigentes no conocen la economía ni la realidad del país y, además, no toman en cuenta lo que dicen expertos en el tema. Efectivamente, aparte de endeudarse, existe la posibilidad de obtener fondos de la propia población, siempre tenida a menos. En efecto, según el conocimiento común, si se aprovechara las grandes fuerzas productivas del pueblo y los enormes potenciales económicos naturales, con una política nacional y democrática de verdad, se podría conseguir recursos para atender las necesidades que causan angustia.
Es decir que los campesinos podrían volver a alimentar a las poblaciones y no se tendría que gastar divisas para traer productos de contrabando. Los mineros del oro podrían aportar grandes recursos. Creando puestos de trabajo se podría enriquecer al país. Se necesita reactivar fábricas y cultivar más la tierra.
No obstante, como van las cosas, esas palabras se las puede llevar el viento, por tanto, se necesita medidas adecuadas para no seguir en el camino de la pobreza y la decadencia de los mortales. Si no llega un verdadero tiempo de cambio, los politiqueros seguirán con sus sueños, poco menos que infantiles. En esa forma, lo más probable es que no pasemos de la tragedia a la comedia, sino a otra tragedia.
Bolivia entre la tragedia y la comedia
- Advertisment -
