Según una definición conocida, gremio es un grupo de individuos que tienen una misma profesión, oficio o actividad. En nuestro medio, observamos, en primer lugar, a conjuntos de dueños de pequeños negocios que ofrecen productos de diverso tipo. Se trata, generalmente, de personas que pugnan por salir de la pobreza, ganando un poco de dinero para sobrevivir, ya que los empleos formales cada vez son más escasos.
En consecuencia, el sector gremial ha ido creciendo rápidamente desde tiempos de la Guerra el Chaco, cuando pobladores de zonas rurales decidieron emigrar o cambiar de actividades agrícolas por haber quedado desempleados ante la falta de crecimiento de la economía debido al conflicto bélico.
Se organizan, por esos años, estos trabajadores de la tierra, en gremios de vendedores de periódicos, pequeños comerciantes, lecheros, etc. Por otro lado, aparecieron como obreros que lo único que tenían para sobrevivir era el trabajo asalariado en algunas empresas textiles, de gaseosas y otras. También crecieron algunos sindicatos que tenían tendencias ideológicas anarquistas y comunistas. En todo caso, los gremios fueron los que más se expandieron y comenzaron a participar en actividades políticas y hasta en golpes de Estado.
En los últimos años llegó también el momento del crepúsculo del movimiento sindical, en especial de los mineros y de la Central Obrera Boliviana (COB). Por el contrario, en ese tiempo ha crecido el gremialismo de los sin salario o cuentapropistas, que ha alcanzado niveles notables. Los sindicatos van desapareciendo paulatinamente y solamente han quedado los gremios. Es decir que los sindicatos de asalariados están desapareciendo tanto en cantidad como en calidad.
No solo eso, los gremiales han adquirido tal grado de crecimiento y poder de movilización, que pueden imponer al gobierno de turno sus demandas y obligarle a dictar medidas a su favor, so pena de originar un movimiento desestabilizador. Es más, muestran sus inclinaciones para querer gobernar e imponer sus pliegos petitorios, lo que hace ver que transitan en un camino hacia la dictadura económica, como ocurrió durante los gobiernos populistas del cocalero Evo Morales Ayma y el de Luis Arce Catacora. Entonces esos grupos, muchos afines al masismo, pudieron imponer sus deseos contra natura y contra el desarrollo de la historia.
Una prueba de ese poder gremial está en que desde hace décadas tratan de obligar al gobierno de turno a ceder ante sus presiones económicas y políticas, cada vez con mayor frecuencia. En últimos días, por ejemplo, los panificadores tratan de aumentar el precio del pan, por encima de las negociaciones y el diálogo, así como algunos sectores de transportistas piden elevar sus tarifas. Ni qué decir de comerciantes siempre atentos a cualquier medida económica que les permita encarecer los productos que ofrecen. Todo ello, como se deduce, aumenta la inflación y agrava la situación económica de millones de bolivianos.
