En Bolivia, los incendios forestales se han convertido en una amenaza recurrente que pone en riesgo la biodiversidad y la seguridad de comunidades enteras. Cada año, miles de hectáreas de bosques y áreas protegidas son afectadas, debido a la quema ilegal, chaqueos no controlados y al cambio climático. El drama se intensifica porque las unidades encargadas de enfrentar estas emergencias —los cuerpos de bomberos— carecen de equipos y tecnología para una respuesta eficiente.
Según el Ministerio de Medio Ambiente y Agua, en 2024 más de 2,4 millones de hectáreas fueron afectadas por incendios forestales, siendo las zonas más críticas la Chiquitanía cruceña, el Beni y el norte paceño. La Fundación Amigos de la Naturaleza (FAN) alertó que alrededor del 43% de los focos de calor se presentaron en áreas de conservación y territorios indígenas.
Según el gobierno, los incendios forestales no superan el millón de hectáreas afectadas en lo que va de 2025. Esto representa una mejora significativa respecto a las devastadoras cifras de 2024.
Específicamente, en áreas protegidas (como parques y reservas), se han registrado más de 83.000 hectáreas quemadas, de las cuales aproximadamente el 80% corresponde a pastizales y arbustos, y el resto a zonas boscosas. En el departamento de Santa Cruz, se quemó 30.000 hectáreas, en Beni las hectáreas afectadas fueron casi 13.500.
Frente a este panorama, bomberos enfrentan una desigualdad alarmante: mientras el fuego se propaga con rapidez, ellos cuentan con mangueras deterioradas, cisternas insuficientes y, en muchos casos, sin vehículos especializados. En 2023, la Defensoría del Pueblo hizo una verificación en Santa Cruz y Cochabamba, constatando que las brigadas de bomberos tenían “equipamiento obsoleto, escaso y no adecuado para incendios forestales”. Por esta carencia el personal es expuesto directamente al humo.
La comparación regional agrava la crítica: mientras en países como Chile los bomberos cuentan con brigadas forestales equipadas con avionetas cisterna y drones para monitoreo, en Bolivia la lucha depende de la improvisación, la ayuda comunitaria y la cooperación internacional. Se necesita:
1. Inversión en equipamiento especializado: cisternas de alto alcance, trajes ignífugos, mochilas de agua, drones de vigilancia térmica y unidades aéreas que puedan operar en zonas de difícil acceso. Helicópteros con bolsones de transporte de agua.
2. Capacitación técnica permanente: el personal de la Policía y Bomberos debe contar con programas de actualización en manejo de emergencias forestales, similares a los protocolos de países con mayor experiencia en el tema.
3. Prevención comunitaria: ninguna política será efectiva si no se fomenta la conciencia ciudadana, prohibiendo quemas en temporada seca y estableciendo brigadas mixtas (Estado-comunidad) que actúen en los primeros focos de calor.
Los incendios forestales no solo son una tragedia ambiental; también reflejan una deuda estructural del Estado con sus instituciones de primera respuesta. El discurso oficial de conservación pierde fuerza cuando nuestros bomberos, luchan prácticamente a mano limpia.
La historia nos demuestra que la omisión tiene costos altísimos: pérdida de biodiversidad, desplazamiento de comunidades, impacto en la salud pública y reducción de nuestra capacidad de resiliencia frente al cambio climático. Bolivia necesita, con urgencia, priorizar la modernización de sus equipos de combate contra incendios.
Incendios forestales: falta de equipos y tecnología
Elviz Núñez Fernández
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