Lazos: Pando

Ernesto Julián Bedregal Patiño

Hace algunos días, me comuniqué con una amiga procedente del norte boliviano, me pidió encarecidamente a tono de reclamo, que no me olvide de su Pando. ¡Eso jamás!, ¿cómo podría olvidar su exuberancia amazónica, de florestas mágicas y clima cálido?, aquel territorio en forma de delfín rosado —como esos dioses gentiles que están próximos a desaparecer—, es un espacio sagrado, donde habitan las ninfas más puras de la Amazonia.
Confeso ninfolepto, desde pequeño manifesté una profunda devoción hacia las diosas menores, esa tierra maravillosa hogar de hamadríades vinculadas con la castaña y la bacaba, esas aguas prodigiosas (de los ríos Acre, Abuná, Manuripi, Tahuamanu, Orthon) morada de náyades y potámides que alimentan antusas conocidas como flores de patujú, y ese cielo rebosante de néfeles que revelan la fuerza de las próximas auras, merecen toda mi atención.
Lumbre ancestral de pueblos indígenas, de tacanas, de yaminahuas, de machineris; de pacahuaras, de cavineños, de esse ejjas, conexiones profundas que mantienen viva la cultura, una espiritualidad superior a cualquier otro hombre. Caquiahuaca sigue siendo el maestro creador de los guías espirituales, seres que regresan del más allá en forma de colibríes, para compartir ese conocimiento con el hermano protector, que se muestra como un gran felino de pelaje moteado con rosetas.
Edosiquiana todavía intercede por los humanos, a pesar de perder a muchos de su linaje, el espíritu del bosque aún cree que hay bondad en los gorrones; pese al costo que pagar por ser responsable de su creación, no pierde la esperanza de volver a juntar, los dos principios vitales para la subsistencia. Eshawa y Eyami se siguen buscando, porque saben que se complementan; el alma, sin pensamientos honestos, y cuerpo íntegro, está destinado a sucumbir.
Cuna de valientes, que defendieron el Puerto Bahía con el poderío de su sangre, sustancia esencial consagrada por chamanes, que hace miles de años ejecutaron el plan de entidades elevadas. Un ixiameño armado con un arco y unas flechas, hizo frente a los adversarios que poseían armamento moderno; solamente el coraje indígena pudo librar tan ardua tarea, sin contar con el arsenal y la instrucción militar, enorgulleciendo otra vez al pueblo boliviano.
La gloria sea para Bruno Racua, Nicolás Suárez, y la Columna Porvenir, por semejante acto de heroicidad que superó los límites; la honra sea para José Manuel Pando, de quien llevan su nombre con gratitud, y para Carola Cobo que mediante su amor por el teatro representó el sentir pandino. Con estas palabras salidas de lo profundo de mi corazón, espero demostrar mi compromiso con Pando, el mismo que sostengo con todos los departamentos de nuestra diversa Bolivia.

El autor es Comunicador, poeta, artista.

Artículo anterior
Artículo siguiente
ARTÍCULOS RELACIONADOS
- Advertisment -

MÁS POPULARES