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La historia del Tinku que llegó al Miss Mundo

Javier Escalier

El miércoles 2 de septiembre, la boliviana Vanessa Kraljevic representó a nuestro país en un evento de trajes típicos para el concurso Miss Mundo, –realizado este año en Vietnam– con el vestuario de Tinku, propio de la región del Norte del Departamento de Potosí.
Tremenda representación de esta belleza boliviana, que ha vestido con orgullo un traje de luces inspirado en el ritual ancestral del Tinku (encuentro), con origen en la localidad de San Pedro de Macha, en la fiesta de la Cruz en el mes de mayo en Potosí; ha dejado al mundo con la boca abierta.
El Tinku ha sido declarado patrimonio cultural de Bolivia y se trata de una ritualidad que tiene como característica principal el combate a puño limpio entre miembros de comunidades antagónicas, donde se asegura que mientras más sangre corra, mayor cosecha y prosperidad habrá todo un año.
Esa ritualidad ancestral, que tiene un espacio regional reconocido, cuenta con música y melodías norte potosinas bien definidas, que tienen énfasis en el charango de cuerdas de alambre, con ese rasgueo conocido como el “kjalampeo”, afinado en temple diablo, tan agudo y particular.
De esta expresión cultural, en la década de los ochenta, deriva un baile que ha extractado la esencia de ese “encuentro”.
La juventud, músicos y artesanos, principalmente de los centros urbanos, cautivada y tras una reflexión generacional, la adapta a danza callejera, bailada en tropa de mujeres y varones por separado, al son de bandas con instrumentos de metal, la convierte inmediatamente en un “boom”. Casi simultáneamente, se podría decir, aparece en el Carnaval de Oruro y la Festividad paceña del Gran Poder, pero definitivamente es en la Entrada Universitaria de la UMSA en La Paz de la mano de los Tinkus Wistus y en las fiestas de Ch’utillos, Potosí y Urcupiña en Cochabamba donde alcanza su auge total.
Grandes artistas nacionales le han dedicado sus mejores composiciones. Desde Luís Rico y los recordados K’@chas, hasta famosas agrupaciones como: Llajtaymanta, Kjarkas y María Juana, le han dedicado sus más grandes éxitos, que han sido coreados en todo el mundo y sus pasos conocidos gracias a ballets folclóricos y comunidades de residentes bolivianos, verdaderos embajadores de nuestra cultura, ante una preocupante ausencia de políticas de promoción y salvaguarda por parte de nuestras autoridades, que de paso han cerrado con cuatro candados el ministerio encargado de preservar nuestra identidad.
Por eso la participación de la boliviana Vanessa Kraljevick mostrando parte de nuestra cultura con vestuario de Tinku y la representación de la artista internacional Cazzu con la adaptación de su composición musical a ritmo de Caporal, han hecho más por Bolivia y su defensa cultural en unos momentos, que el gobierno nacional, en décadas. Y merecen un reconocimiento y la gratitud de todo un país que sufre de una constante apropiación sistemática y abusiva de su historia e identidad.

El autor es gestor cultural y ha sido Concejal de La Paz.

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