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Libertad, libertad, libertad…

Es uno de los versos del Himno Nacional de Bolivia… Tal vez el más significativo, luego del que dice “¡Morir antes que esclavos vivir!”.
Durante 20 años Bolivia vivió tiempos oscuros por el gobierno del MAS, que a poco de llegar al poder comenzó no solo a robar, sino también a secuestrar la Justicia (que, dicho sea de paso, nunca había funcionado correctamente). Poco a poco, el régimen comenzó a hostigar a periodistas críticos y políticos opositores… hasta hacer de la justicia una aplanadora controlada por el oficialismo.
Luego de los hechos de 2019, el gobernador de Santa Cruz Luis Fernando Camacho, el activista potosino Marco Antonio Pumari y la expresidenta Jeanine Añez Chávez fueron apresados y encarcelados preventivamente, violándoseles su derecho al debido proceso y la presunción de inocencia. Los tres estuvieron encerrados durante años en diferentes recintos penitenciarios, luchando en procesos judiciales corruptos, plagados de audiencias engorrosas, con jueces y fiscales obsecuentes con el poder.
El 29 de agosto, finalmente, luego de años de encarcelamientos injustos y calvarios procesales, Camacho fue liberado de la cárcel de Chonchocoro y Pumari, del penal de Cantumarca, en Potosí. Se hizo justicia (aunque, a decir verdad, cuando la justicia llega tarde ya no es justicia…). Y la Bolivia democrática respiró por un momento aires de libertad.
El TSJ había ordenado revisar inmediatamente el cumplimiento de los plazos de detención preventiva en todos los procesos en curso contra Añez, Camacho y Pumari. Aquel tribunal dijo que esa instrucción debía interpretarse como “la máxima expresión de la independencia judicial que se manifiesta en las resoluciones sin injerencias ni presiones”. ¿Pero por qué lo hizo ahora y no antes? Cabe cuestionar tales determinaciones de tan alto tribunal. Muchos periodistas y analistas aplaudieron y celebraron la determinación, pero una mirada analítica y crítica del asunto lleva más bien a cuestionar a los jueces… No se olvide que durante el régimen de Añez, aquellos comenzaron a perseguir masistas, arrimándose, como siempre, al sol que entonces mejor calentaba. Y ello no puede ser sino un peligro.
Si esta determinación se hubiera dado apenas el plazo de la detención preventiva hubiera fenecido, la decisión hubiera sido loable y signo de independencia judicial… pero no hay que olvidar que se da cuando los presos políticos estuvieron encerrados durante mucho tiempo y cuando se aproxima un nuevo gobierno.
Hay que tomar las cosas con filosofía y calma… Más allá de todo, se debe recordar que Pumari y Camacho siguen procesados y que ahora, si bien en libertad, continuarán con su defensa. Tampoco se debe olvidar que, si en un proceso limpio y transparente se los halla culpables de algo, deberán ir a la cárcel.
Con todo, la liberación de los presos políticos se celebra. Este puede ser, ojalá, un inicio para la construcción de una justicia independiente del Ejecutivo, requisito indispensable para una verdadera democracia, signo imprescindible de un verdadero sistema republicano.

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