Las teorías utópicas del socialismo y el comunismo del Siglo XXI trataron de convertirse en realidad con la Revolución rusa y otras para sustituir el sistema económico democrático en proceso de desarrollo. Finalmente, como producto de la Primera Guerra Mundial, la idea pareció ser cierta, pero tan pronto se puso en aplicación, resultó un fracaso y se tuvo que retroceder al capitalismo.
Ese intento socialista volvió a ser practicado por el Partido Comunista, que dejó de lado la “dictadura del proletariado” y, desde entonces, en medio de la hambruna y las masacres de millones de campesinos, solo pudo mantenerse sobre el hambre del pueblo y con la formación de grandes ejércitos. Única forma de dominar por el hambre el pensamiento político.
Ese régimen se desinfló fácilmente, después de setenta años de existencia, sin que se dispare un tiro. Así la práctica confirmó que la teoría socialista era incorrecta. Entretanto, cuando se pregonaba que el capitalismo estaba en agonía, se vio que estaba más vigente que nunca y se sigue desarrollando para llegar a nuevos niveles.
Pese a esa innegable realidad, ante el derrumbe del socialismo hacia fines del Siglo XX, hecho verdadero y palpable, emergieron algunos teóricos de la utopía que afirmaron que el fracaso socialista ruso solo fue un episodio local. Que esa ideología resurja, dependía de que las naciones latinoamericanas se conviertan al socialismo, lo que determinaría también el renacimiento socialista en Rusia.
Ese pensamiento subjetivo fue aceptado por los comunistas de países americanos y convertido en programa continental en el Foro de San Pablo, hacia 1990 y entró en práctica –siguiendo el ejemplo de Cuba– en Venezuela con Hugo Chávez.
Contando con la admiración de los izquierdistas de otros países, se decidió aplicar los principios del Foro de San Pablo y Bolivia cayó en esa trampa, apoyando a Evo Morales y convirtiéndolo en engranaje de ese proyecto. En efecto, con el apoyo de esos socios, Morales fundó el partido Movimiento al Socialismo, sobre la base del comunitarismo primitivo, para “saltar” al socialismo, sin pasar por la etapa capitalista. Los masistas tomaron el poder con ese sueño, olvidando que el fracaso socialista ruso podía repetirse.
En efecto, la aplicación de ese proyecto fracasó totalmente y chocó contra la realidad. Es más, condujo a Bolivia a la ruina total, en la misma forma que ocurrió en Venezuela, Argentina, Ecuador, Nicaragua y otros. En esa forma, el Socialismo del Siglo XXI estaba ganando terreno, pero en la práctica ha sufrido un descalabro absoluto y todo el plan del Foro de San Pablo (después, del Foro de Puebla), ha quedado hecho añicos y solo subsiste en agonía en Brasil y Colombia, mientras ha colapsado en Argentina.
El proyecto del Socialismo del Siglo XXI ya es un moribundo en terapia intensiva, sin oxígeno ni enfermera. Ya Bolivia deja de ser también parte de esa ilusión utópica y pronto lo será todo el continente, que retornará a su ciclo democrático, con renovadas energías.
El fracaso absoluto del Socialismo del Siglo XXI
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