Cuando el Libertador Simón Bolívar arribó al Alto Perú en 1825, no solo fue recibido por autoridades civiles, militares y eclesiásticas. También lo esperaban, con palabras que brotaban de siglos de resistencia y esperanza, dos figuras de raíz indígena que marcaron con fuerza simbólica su entrada al corazón de los Andes: la Choketa, vendedora ambulante paceña y Domingo Choquehuanca, orador descendiente de los hijos del Sol.
Aunque muchos de sus biógrafos lo identifican como natural de Puno (Perú), el verdadero lugar y fecha de nacimiento de José Domingo Choquehuanca fue revelado por el párroco Manuel Cuba en una nota publicada en EL DIARIO el 9 de septiembre de 1951, bajo el título: “José Domingo Coquehuanca nació en Sucre”. Según esa fuente documental, Choquehuanca nació en Chuquisaca el 18 de octubre de 1789, hijo de Roque Chuquihuanca y María León, vecinos de la ciudad del Cusco. Este dato no solo corrige una errata biográfica repetida por décadas, sino que también reafirma el entrelazamiento andino de su linaje, entre el Alto Perú y el antiguo corazón del Tahuantinsuyo.
Su formación académica fue tan rigurosa como destacada. Realizó su educación inicial en Arequipa y luego cursó estudios en el Colegio San Juan Bautista de Chuquisaca, donde se distinguió como alumno notable. Más adelante ingresó a la Universidad de San Francisco Xavier y en 1809 obtuvo el grado de Doctor en Teología.
Tras culminar sus estudios, Domingo Choquehuanca se trasladó a vivir a las orillas del lago Titicaca, región cargada de resonancia ancestral y mítica. Fue allí, en el pueblo de Pucará, donde en agosto de 1825, al enterarse del paso del Libertador Simón Bolívar por la zona, decidió recibirlo. Preparó una bienvenida en su lengua originaria. Su mensaje fue tan poderoso que quedó grabado en la memoria colectiva y su traducción fue difundida muchos años después por Julio Díaz Arguedas en su nota “El Indio Cantor de Bolívar”, en EL DIARIO, el 10 de septiembre de 1967: “Sois, pues, un hombre de un designio providencial. Nada de lo hecho antes que vos se parece a lo que habéis hecho; y para que alguno pueda imitaros, será preciso que haya un mundo por libertad… habéis fundado cinco repúblicas que en el inmenso desarrollo a que están llamadas elevarán vuestra grandeza a donde ninguna ha llegado. Vuestra fama crecerá, así como aumenta el tiempo con el trascurso de los siglos, y así como crece la sombra cuando el Sol declina”. Fue, sin duda, una de las más altas proclamaciones simbólicas del nuevo orden republicano, pronunciada desde el corazón indígena de los Andes.
Asimismo, es recordado por haber formado parte, junto a figuras como José Ballivián, de la llamada ‘Logia de los Diez’, que tenía como objetivo irradiar los ideales de libertad y emancipación tanto en el Alto como en el Bajo Perú. Su compromiso con la causa republicana se mantuvo firme, incluso en tiempos turbulentos.
Durante la Confederación Perú-Boliviana, el mariscal Andrés de Santa Cruz lo nombró Prefecto de Puno, cargo desde el cual continuó su labor pública. Lamentablemente, después de una vida de entrega, servicio y profundo sentido histórico, falleció en 1854.
A modo de conclusión, en este Bicentenario, Choquehuanca nos recuerda que la voz indígena también fue parte de la fundación de Bolivia. Su legado sigue vigente como símbolo de dignidad y libertad.
José Choquehuanca: indígena que saludó al Libertador
José E. Pradel B.
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