Ya lo decía en mi nota de opinión de EL DIARIO titulada “Bolivia y Perú, un solo corazón” de fecha 26/07/2025, que “nuestros ancestros de sabiduría profunda, veían en la unión la fuente de la vida y el progreso. Pero ahora nosotros, herederos de su grandeza, permitimos que la desconfianza y la miopía política nos mantengan desconcertados”. Un claro ejemplo de lo manifestado son las recientes declaraciones de la presidenta del Perú, Dina Boluarte, en las que señala que “evitó que su país se convirtiera en un Estado fallido como Cuba, Venezuela y Bolivia”. Tales declaraciones no solo revelan un profundo desconocimiento de la realidad de nuestros estados, sino también una mirada despectiva que no contribuye a la integración regional que tanto necesitamos.
Bolivia, lejos de ser un Estado fallido, es un país que ha demostrado resiliencia, desde su creación hace 200 años, pese a los desafíos históricos y las adversidades geopolíticas.
Resulta lamentable que, en lugar de construir puentes de cooperación y solidaridad entre pueblos hermanos, una mandataria recurra a un discurso que solo alimenta divisiones. Y a pesar de que su canciller Schalier manifieste que: “no podemos tapar el sol con un dedo”, o que “no es que estemos rompiendo ningún hermanamiento con Bolivia” o “no se ha leído en contexto lo que ha dicho la señora presidenta”. Siendo innegable que hizo una comparación de Bolivia con otros países de la región por la situación económica y social que vivimos, por el razonamiento, filas, escasez, que es una realidad indiscutible. Pero las dificultades que enfrentamos no deben ser usadas de excusa para descalificarnos de manera infundada, sino que se debe mirar como una motivación para trabajar juntos en soluciones comunes.
Más allá de las diferencias políticas, lo que se requiere es unidad y respeto mutuo. Las declaraciones desatinadas, por cierto, de la presidenta Boluarte, reflejan una mentalidad que perpetúa la fragmentación, en lugar de fomentar la colaboración. Bolivia no necesita lecciones de gobernabilidad, ni mucho menos que nos señalen haciendo comparaciones de nuestra realidad. Lo que sí necesitamos, los dos países, es dejar atrás los prejuicios, la miopía política y construir urgente una agenda común, basada en el dialogo y el desarrollo compartido.
Tomamos nota de sus palabras, pero las rechazamos con firmeza. Bolivia sigue y seguirá en pie, trabajando por su futuro. Ojalá que, en lugar de señalarnos, se tome este impase como una oportunidad para que la política exterior del Perú, en lo que respecta a Bolivia, pueda concentrase en lo esencial: la unión y el progreso para todos. Recordando lo que siempre fueron Bolivia y Perú, un solo corazón que late con la sangre de la unidad que nos convierte en una potencia continental.
¡La unión es la fuerza!
Estado fallido
Raúl Ruiz Roca
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