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Crisis humanitaria es invisible en propuestas electorales

Víctor Delgado Santa Cruz

Las “proposiciones demagógicas” de candidatos a cargos electivos en disputa, no tienen relación significativa con el abandono a los sectores más vulnerables de la sociedad boliviana, menos con soluciones para problemas de salud y educación.
Los “politiqueros del momento” no bajan la cabeza para mirar a los sectores empobrecidos, en riesgo permanente o, aquellos que transitan a diario con la carga del hambre, buscando la oportunidad de lograr unas migajas para superar atingencias permanentes. En los niveles superiores, la indiferencia es cada vez más ostensible.
Los conflictos caracterizan al sector educación, mientras que, en materia de salud, evidentemente, hay mucho que hablar, pero que son menos visibles por la menor cantidad de actores directos y menor compromiso del Estado con los afectados. En otras palabras, la ecuación política visible significa: a menos involucrados, menos compromisos, igual a menos votos.
De esta manera, se visibiliza la indiferencia de los políticos ante cruciales problemas olvidados durante alrededor de dos décadas, pese a una abundancia de recursos, la protesta social en las calles, las marchas de mandiles blancos, de enfermos afectados por el cáncer, además de la pandemia mundial que arrasó a millones de habitantes del planeta. Pero la situación no cambia.
No deja de ser un sarcasmo, escuchar a las autoridades decir que “el sistema de salud se está modernizando”. Como ejemplos se menciona a los hospitales “más importantes de la ciudad de La Paz”, es decir, el Hospital de Clínicas y el Hospital Obrero de Miraflores.
Pero el modelo de organización del primero, la asignación de los predios que albergan diferentes servicios, así como su “sistema burocrático”, convierten a este “hospital”, en un “cúmulo de feudos”, cada uno con “territorio”, “especialidades” y “personal propio”, además de un “jefe máximo”, con “autoridad suprema” para definir si el solicitante está o no enfermo, si amerita internarlo, atenderlo, incluyendo sus derechos a cama y alimentación.
Prueba de eso son las extensas filas de enfermos y familiares de éstos, desde tempranas horas del día anterior a la distribución de fichas, las quejas y otros testimonios difundidos por medios de comunicación.
El Hospital Obrero, pese a los esfuerzos de su personal profesional, muestra deficiencias, relacionadas con la estructura hospitalaria y que fueron observadas por los propios pacientes y que sólo recurren al servicio en compensación a sus aportes que, por años, se acumularon, sumando gruesas cifras que, a la fecha, no se conoce a cuánto alcanzan y dónde se encuentran. La respuesta de los ejecutivos es: “No se cuenta con los fondos necesarios”, por ejemplo, para la compra de medicamentos, menos para atender otras exigencias.
El mayor de los problemas es el deterioro de su estructura, la ausencia de servicios básicos y la falta de servicios complementarios. Además, por su antigüedad, se hace insuficiente para atender el crecimiento de la población asegurada. El Hospital Obrero, ha sido construido entre 1952 y 1953, con una capacidad aproximada de 300 camas.
Según varios enfermos, el primer piso que concentra el “Servicio de Emergencias”, solo tiene dos baños para, aproximadamente, mil personas que transitan el área cada día. Los restantes pisos tienen observan similares condiciones, con la diferencia de “ofrecer un cuarto de ducha” muy parecida a una “carceleta”, con un asiento y deficiente alumbrado…
Estas deficiencias en el servicio, debieran ser parte de una política integral de modernización del servicio médico en general y ser parte de las ofertas electorales para el futuro.

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