La calidad es un concepto relativo y dinámico, que no puede estar sujeto a términos absolutos, pues siempre es posible pretender más calidad. La búsqueda de la calidad es, por esta razón, un proceso que, una vez iniciado, nunca termina. No hay “niveles aceptables” de calidad. Siempre tenemos que estar insatisfechos con los niveles de calidad alcanzados, porque siempre será posible mejorarlos. Y el mejoramiento alcanza nuevas alturas con cada problema que se resuelve.
La calidad como tal está presente en todas las partes del proceso educativo. El objetivo de todo movimiento para lograr mayor calidad es mejorar los resultados de aprendizaje de los niños. Pero ese es el resultado esperado; es el proceso lo que produce esos resultados. Y un movimiento hacia la calidad lo que busca mejorar es el proceso que produce resultados.
Una escuela, por ejemplo, no es un edificio; tampoco es un organigrama. No es un ente estático; es justamente un proceso. En toda organización, todas las actividades están estrechamente vinculadas entre sí; cuando algo sale mal en un área, repercute en toda la organización.
Una organización es un proceso, porque está constituida fundamente por relaciones. De estas relaciones las más importantes son dos: las relaciones de los beneficiarios (estudiantes y padres particularmente) y las relaciones entre quienes en ella trabajan (personal docente y administrativo). Mejorar la calidad significa mejorar las relaciones.
Puesto que la organización es un proceso que está constituido fundamentalmente por relaciones, la mayor parte de las causas de la baja calidad está en el sistema, no en las personas. Es el sistema el que favorece un determinado tipo de relaciones y las personas, independientemente de sus virtudes o defectos, trabajan bajo esas reglas del juego.
Si queremos cambiar la forma de trabajar de las personas, es necesario cambiar el sistema y eso significa cambiar las relaciones. La filosofía de la calidad se contrapone a la práctica, tan común, de solo fijarse en los resultados, pues se fija en los procesos.
Es cierto que hay problemas personales que repercuten sobre la calidad. Si un maestro falta o llega tarde, por ejemplo, estamos hablando de un problema ubicado en la persona. De la misma manera, si un maestro/a asiste, pero no enseña, o enseña durante un tiempo muy limitado, estamos hablando de un problema personal. Si un maestro/a impone disciplina golpeando a sus alumnos/as, o burlándose públicamente de ellos, estamos ante un problema personal. Si un maestro/a no es capaz como maestro/a, no sabe enseñar, nos enfrentamos a un problema personal. Estos problemas personales se resuelven de dos maneras: con disciplina y con formación.
Mgtr. Lic. Mirtha España Salazar
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