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¿Estado fallido?

Hace unos días, el 30 de mayo, en el periódico La Nación de Buenos Aires se publicó un artículo (“La crisis boliviana se profundiza y es una amenaza a la seguridad nacional”) en el que se advierte que Bolivia podría convertirse en “la nueva Afganistán”, en el sentido de que podría volverse un factor de inseguridad para la región. “Un Estado fracasado, una economía paralizada con una dinámica hiperinflacionaria, escasez de dólares y productos de primera necesidad, tensiones sociales que aumentan y un vacío de poder alimentado por la incertidumbre electoral (los comicios presidenciales están previstos para el 17 de agosto y, si fuera necesaria una segunda vuelta, para el 19 de octubre) …”. Así describe el artículo del medio porteño a Bolivia, país que en dos meses cumplirá dos siglos como nación independiente del yugo español.
El artículo suscitó acerbas críticas en Bolivia, sobre todo de las izquierdas, que no dejaron pasar mucho tiempo sin decir que, al advertir la nota periodística sobre eventuales olas de inmigrantes bolivianos ante una eventual crisis humanitaria, se estaría actuando de manera xenofóbica y discriminatoria.
Cabe leer con cautela el texto del diario argentino, pues si se lo lee con candidez y sin tener en cuenta datos, puede inducir a tener una visión distorsionada y demasiado pesimista de lo hoy es Bolivia. Sin embargo, tampoco conviene caer en el otro extremo, a saber, el de la complacencia o el de creer que todo lo que dice es falso y promueve la discriminación o la xenofobia. Hay ciertas aseveraciones, como la de la influencia directa de grupos como Hezbollah o la Guardia Revolucionaria de Irán, que pueden ser parcialmente ciertas o directamente falsas; pero hay otras, como la de que Bolivia vive envuelta en conflictos sociales, crisis económica e inestabilidad política, que son ciertas. Así, como bolivianos cabe reflexionar sobre si realmente Bolivia puede eventualmente ser “la nueva Afganistán” o, más claramente, un Estado fallido.
El último párrafo del artículo del medio argentino dice: “Bolivia se ha convertido en un ‘Estado fallido’: pérdida del monopolio de la violencia, colapso institucional, corrupción rampante, una economía informal cada vez más dominante, multiplicación de conflictos internos sin resolver y presencia de actores no estatales poderosos, sobre todo grupos que integran redes globales de narcoterrorismo. La Argentina debe prepararse para lo peor: si su vecino colapsa, el impacto no va a detenerse en su frontera”.
¿Es Bolivia realmente un Estado fallido? Lo más seguro es que no… todavía. Sí: no todavía. Pero puede serlo en un tiempo más. De hecho, si las cosas (justicia, economía, instituciones, partidos políticos) siguen en la espiral descendente en la que se encuentran ahora, lo más probable es que de aquí en un tiempo Bolivia tenga que enfrentar guerras civiles o grupos irregulares que actúan al margen de la ley. En ese caso, miles de bolivianos optarían por irse del país, como ocurrió y sigue ocurriendo en Venezuela… Eso sí ya sería un Estado fallido que ningún izquierdista con dos dedos de frente podría negar.

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