El trampolín

Severo Cruz Selaez

Los procesos electorales siempre han sido un trampolín para que ciertos políticos inescrupulosos llegaran a colmar sus apetitos particulares. Atribuyéndose la representación del pueblo, que peregrina hoy, de madrugada hasta el anochecer, en busca de artículos de consumo, en una coyuntura económica desastrosa. Donde éstos últimos han subido de precio y cuestan “un ojo de la cara”. Políticos que creen ser los “salvadores”, no obstante que fueron los responsables de la debacle económica. Que dicen contar con la fórmula para encarar la difícil situación actual. Pero que, por motivos partidarios, ideológicos o por cálculo electoral, no aplicaron dicha fórmula, que pudo haber evitado la actual realidad devastadora.
Pocos han trabajado con vocación de servicio a la Patria, los más lo hicieron para llenar sus bolsillos. Succionando el dinero del pueblo, resultado de los impuestos que pagaron sectores comerciales, productores, industriales, entre pequeños y grandes. Ahí tenemos, en consecuencia, un sin número de nuevos ricos, que hacen ostentación de lujo y despilfarro, en una época que conmina a ajustarse los cinturones. No obstante que la economía estuvo “blindada”, en criterio de los jerarcas de turno, en la temporada del auge gasífero. Y la población sufre los rigores de la crisis económica generada por los gobiernos de turno. Ello está a la vista de propios y extraños.
Que moros y cristianos hagan pactos o alianzas, con miras a las elecciones de agosto venidero, no tiene otro objetivo que buscar, de manera subrepticia, el enriquecimiento con fondos del erario nacional. A costa inclusive del hambre del pueblo boliviano. Unos lo hacen con la consigna de reagrupar a la izquierda, que sigue las directrices del Socialismo del Siglo XXI. Identificada, asimismo, con las dictaduras de la región, que someten a sus pueblos a ración de pan y agua. Otros a título de un bloque opositor, con participación de conocidas personalidades. Quienes hicieron de la democracia un instrumento de lucha por el bien común. Mentira que haya en los pactos y alianzas el propósito de salvar a Bolivia de su hora fatídica. Eso de salvar Bolivia es un discurso falaz. La verdad es que hay desesperación por medrar. Muchos de los políticos pretenden salir de la pobreza asumiendo el Poder. Ello se ve y se siente a la legua. Desde el flanco de la izquierda a la derecha o viceversa. La democracia puede fabricar nuevos ricos y también nuevos pobres. Los más privilegiados siempre fueron los primeros.
Hoy los políticos, sin distingos de colores ni ideologías, se agrupan, se movilizan y elevan el tono de voz, en defensa de sus intereses sectoriales, con miras a las próximas elecciones. Pero jamás lo hicieron para salvar Bolivia, de su infortunio económico, sino que la hundieron, al extremo que la crisis económica toca fondo.
En suma: ojalá que los políticos algún día se dediquen a salvar, pero de veras, a Bolivia, que se asfixia por efectos de la crisis económica.

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