Desde fines de 2023 la situación social del país ingresó en una etapa de agitación con motivo, entre otros, de la postergación de las elecciones de magistrados por voto universal. Esa situación se agravó desde los primeros meses de este año, hasta empeorar por la falta de dólares, alza de precios, huelgas, bloqueos, etc. Así se llegó a un estado de convulsión que reclamaba soluciones inmediatas, antes de que pudiese estallar.
Pero, contrariamente a lo esperado, la crisis social se agravó por una serie de medidas de presión de sectores sociales del país, entre ellas un bloqueo de caminos con enorme perjuicio para viajeros, productores agrícolas, importadores, exportadores y transportistas, entre otros. A ello se agregaron las amenazas de huelga de los médicos, las manifestaciones de protesta de maestros y gremiales. Éstos últimos iniciaron una marcha de protesta desde Santa Cruz y que estaba por llegar a la ciudad de La Paz, con apoyo del sector de pequeños comerciantes callejeros, que juntos constituyen una potente fuerza social para demandar atención a sus planteamientos.
Ante tal panorama preocupante, la población pedía medidas de urgencia, antes de que aumentara el malestar social, pero no dieron respuesta ni gobierno ni partidos políticos ni otras fuerzas espirituales y materiales. En medio de esa situación sin salida, se produjo una insubordinación militar encabezada por el comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas, a quien enseguida se acusó de tratar de desplazar del poder al presidente Luis Arce. Pero también desde la opinión pública se aduce que fue un “autogolpe”, preparado para detener la agitación social que se avecinaba.
En efecto, en medio de esas circunstancias agudas que sufre el país desde hace años, surgió el amotinamiento militar el 26 de junio, el cual, en realidad, solo agrava el estado de cosas que se arrastraba desde tiempo atrás.
La maniobra castrense fracasó y la situación del gobierno del Estado Plurinacional quedó más debilitada, al extremo que el presidente Arce Catacora expresó que lamentaba su “pérdida de popularidad”. Entonces, terminada la breve insurrección se pensó que el país entraría en una etapa de orden, pero la crisis se agravó. No obstante, providencialmente, aparecieron fuerzas externas que respaldaron al gobierno nacional. En primer lugar, el presidente de Rusia apoyó al gobierno de Arce, quien visitó Moscú hace poco.
Luego vino a Bolivia en visita oficial el presidente de Brasil, Luiz Inácio Lula da Silva, quien ofreció amplia ayuda al país, siempre que entre en una etapa de normalidad, en una nueva era de relaciones bilaterales, para facilitar y garantizar las inversiones brasileñas en Bolivia, impulsando la explotación de hidrocarburos y litio, mejorar la agricultura y otros.
En esa forma, el proceso incendiario de fines del año pasado, fue apagado y, aparentemente, el orden está siendo restaurado, para que entremos en esa “nueva era”, como ha sido calificada por los visitantes brasileños.
Promisoria nueva era de relaciones con Brasil
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