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La perspectiva democrática

La democracia siempre ha sido manipulada, por intereses creados en el país. Según la memoria histórica, personajes oscuros y siniestros lo hicieron para “atornillarse” en el Poder, promoviendo, inclusive, actos que causaron hilaridad. Se atribuyeron, en otros casos, el título de defensores del sistema, a fin de sacar réditos en épocas electorales, engatusando a ignaros. Resaltaron, en consecuencia, sus características benéficas, para servirse luego, de ella, sin el menor escrúpulo. Para saciar sus apetitos personales. Para asumir acciones contrarias a las aspiraciones populares. Para provocar confusión, caos y desencuentro, con versiones artificiosas y temerarias, alejadas de la realidad.
“Estamos en un país democrático”, decía, en el pasado mediato, el jerarca comunista José Stalin (*), responsable de millones de muertes. En su gestión fue expulsado de Rusia el escritor y revolucionario León Trotsky, fundador, además, de Pravda. Fue asesinado en México en 1940. Asimismo, con el 65% de los votos, en las elecciones italianas se consolidó en el gobierno el dictador Benito Mussolini, quien hizo tabla rasa con los socialistas. Se valieron de la democracia, en ambos casos, para aferrarse al poder. Muchos políticos, enceguecidos por cuestiones mezquinas, emularon esas prácticas, que ya no tienen cabida en un mundo, cuyo derrotero es preservar la libertad. Hechos que merecen una seria reflexión. Basta ya de egocentrismo.
La democracia fue utilizada, en nuestro medio, para perpetuarse en el Poder, con un claro viraje hacia el autoritarismo, que ignora los intrínsecos objetivos de la democracia. Viraje inspirado en la teoría del Socialismo del Siglo XXI, cuyo propósito es ideologizar a la población, a favor de las izquierdas. En ese contexto, incurrieron, aquí en un escandaloso fraude electoral, que exacerbó el ánimo de la población, que protagonizó una violenta rebelión popular. La ciudadanía no admite métodos represivos, propios de las dictaduras, que mellan la dignidad humana. Tampoco el encarcelamiento de quienes piensan diferente, en un proceso político que ya tiene vigencia de más de 40 años. Ni el hostigamiento a quienes no coinciden con la prédica demagógica de los gobiernos de turno. Éstos que no tuvieron relación con las libertades ciudadanas. Que, en nombre de la democracia, impusieron medidas contra la libertad de expresión y los derechos humanos. Habría que revisar el número de quienes están encarcelados o perseguidos dentro y fuera del territorio patrio.
La perspectiva democrática se funda, quiérase o no, en la construcción de una convivencia ciudadana, sin sobresaltos, sino con garantías, para trabajar, producir y exportar, en la búsqueda de mejores días, de acuerdo con los supremos intereses nacionales. Habría que despojarse, con ese propósito, de intereses sectarios. Volver a obrar con humildad, por el bien común. Entonces se tendría la vía expedita, para lograr un futuro llevadero.
En suma: tendríamos que utilizar la democracia como un instrumento al servicio del país.

(*) Wendell L. Willkie: “Un mundo”. Talleres Gráficos Cultura, México, Distrito Federal, 1943. Pág. 85.

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