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Por una educación vivencial con aliados estratégicos

Claudia N. Herbas Flores

Son 12 años de aprendizaje en la educación primaria y secundaria de estudiantes entre 6 a 18 años, en la que los contenidos de las materias son dictados de manera más teórica que experimental.
La educación vivencial es un enfoque pedagógico que involucra al estudiante en una problemática real, relevante y de vinculación con el entorno.
Los profesores del Siglo XXI no han cambiado la forma de enseñanza desde hace décadas y no se han adaptado a las necesidades de las nuevas generaciones, que son nativos digitales, para hacerles experimentar una educación transformadora.
El cerebro se puede comparar con una plastilina. Al principio es húmedo y fácil de esculpir, pero con el tiempo se vuelve más seco y mucho más difícil de moldear.
La nueva currícula escolar ha implementado nuevos temas que unos apoyan y otros no. Algunos con contenidos polémicos, como la sexualidad humana integral, otros que van de la mano por fortalecer la inventiva, como la robótica y electrónica, mientras que otros muestran a un país orgullosamente pluricultural.
El debate debería concentrarse en la forma y fondo a la vez. La forma de una lista de materias, algunas sin utilidad para el diario vivir y su futuro. Mientras que el fondo demanda de la ocupación y preocupación de las autoridades, profesores, padres de familia y de los propios alumnos sobre el cómo están aprendiendo los niños y los adolescentes sus lecciones.
El fondo involucra la metodología que está incidiendo fuertemente en el comportamiento y el grado de asimilación de contenidos superficiales y nada productivos.
Para ilustrar mejor, la enseñanza se adscribe a leer textos, copiar, pegar y memorizar la nueva información, donde la creatividad y la innovación no se está plasmando en fortalecer las habilidades sociales, la inteligencia emocional, una cultura cívica y preventiva, y menos en una conciencia crítica, que es muy necesaria para formar seres y ciudadanos resilientes frente a sociedades cada vez más exigentes.
Física, química, matemáticas, ciencias sociales, historia y artes plásticas y otras materias están desgastadas en la forma de enseñanza en las cuatro paredes. Ya es tiempo de cambiar los viejos paradigmas de un aprendizaje monótono para estas nuevas generaciones. que tienen que inclinarse a aprender cosas nuevas, como conocer su comunidad o ubicarse espacialmente en el terreno, porque no conocen ni el nombre de las calles y avenidas.
Las fórmulas de materias exactas deberían ser sustituidas por fórmulas de retos y la implementación de una solución a situaciones donde el intelecto humano puede sacar un as de la manga para respuestas inquietantes y sorprendentes.
Bolivia es un país diverso que goza de variedad de frutos, semillas, paisajes, planicies, campos, valles, tradiciones y costumbres para aprender observando, tocando, olfateando y probando. Toda la flora y fauna y los recursos naturales que tenemos son fuente valiosa de información para los escolares, que responden a un formato mental que necesita ser equilibrado, saliendo de la burbuja digital de sus cabezas a las calles, el campo y los barrios.
El mejor aprendizaje es haciéndose heridas de guerra en las rodillas fuera de los dormitorios o embarrándose de barro los pies y mojándose con el agua de la lluvia. Muchas lecciones fuera del aula.
Este proceso ideal de educación vivencial, no podría ser posible sin el concurso y acompañamiento de autoridades, profesores, directores de escuelas, padres y madres de familia y los mismos estudiantes en un solo compás de armonía y sincronía de voluntades, esfuerzo y empeño como aliados estratégicos.

La autora es comunicadora social de la UCB, profesora de educación vivencial y docente de postgrado de la UPB.

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