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Las “wawas” sin agua

A estas alturas de la historia ocurre que el 30 por ciento de la población del área rural, a nivel nacional, no cuenta con agua potable. Y el cinco por ciento del sector urbano está en las mismas condiciones. La información fue proporcionada por la autoridad del Servicio Nacional para la Sostenibilidad de Saneamiento Básico – Senasba (EL DIARIO, 23/3/2022). Esa es la triste realidad que se observa en la actualidad.
“La cobertura de agua potable en el país llegó a más del 80 por ciento, del cual el 95 por ciento corresponde al área urbana y en el área rural corresponde el 68,5 por ciento”, acotó.
Resulta que dichos conglomerados humanos, que incluyen a las “wawas” (hijos), indudablemente no cuentan con agua potable ni para el desayuno. Están obligados a “inventar” la manera de obtener ese líquido elemento, de pozos, vertientes o ríos, tanto en el oriente como en el occidente del territorio patrio. En circunstancias que el lavado de manos es un requisito imprescindible para prevenir el covid-19. Esto ocurre en pleno Siglo XXI, en el tiempo de los espectaculares avances de la ciencia y tecnología. Ello ocurre a 197 años de la fundación de Bolivia y a 70 años de la revolución transformadora de la década de los 50.
En este caso las “wawas” –que nos preocupan de modo particular– son las más afectadas, debido que sufren las consecuencias del abandono de que fueron objeto, en ese rubro, por quienes gobernaron, en dictadura y democracia. El problema no es de reciente data, obviamente. Se debe proteger a las familias, se dijo de manera reiterativa, atendiendo sus requerimientos, como educación, alimentación, salud y dotación de agua potable, básicamente. Pero en tales servicios hay, por lo visto, marcadas falencias. Por lo tanto: habría que cuidar, de forma prioritaria, la vida y el bienestar de las “wawas”, o las nuevas generaciones, otorgándoles el líquido esencial, a como dé lugar. Y es que representan el futuro y apostarán por una Nueva Bolivia, sin apasionamientos políticos, sin actitudes racistas ni regionalistas, tomando como premisa, para tal cometido, la unidad, por el bien común.
No gozan de agua potable, pese que, a principios del año 2000, Bolivia experimentó una bonanza económica nunca antes vista en su historia. Gracias, por cierto, al auge gasífero y no a la fraudulenta nacionalización de los hidrocarburos. El “milagro boliviano” que se pregonó en materia económica, no fue otra cosa que reflejo del boom gasífero. Hoy los ingresos por este reglón están sumamente reducidos. El país poseía, además, recursos económicos provenientes de créditos externos. La deuda externa se incrementó, a partir de 2014, hasta un monto que fluctúa, en la actualidad, entre los 13 y 14 mil millones de dólares. ¿No se pudo destinar, de este millonario monto, una pequeña suma para cubrir las necesidades básicas?, es la pregunta del millón. Pero se ha invertido elevadas cifras en “elefantes blancos”. Lo cierto es que aún hay gente que clama por agua dulce y de calidad.
En suma: habría que acabar con la negligencia, lo antes posible.

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