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Serie de imprudencias diplomáticas

Todo acto vinculado a las relaciones internacionales del país tiene repercusión positiva o negativa. En este sentido, no únicamente lo que emana de la Cancillería, también de la presidencia e inclusive de otros niveles de gobierno. En los últimos días aconteció precisamente lo indicado. Asistimos a una serie de actos del Estado que afectan nuestra imagen en el exterior y provocan polémica interna.
La referida cadena empezó en Migración del aeropuerto cruceño, cuando rechazó el ingreso de una pareja ucraniana en calidad de refugiados. El hecho adquirió peores matices porque las personas devueltas eran invitadas por una pariente de su misma nacionalidad, antigua residente en nuestro país. La decisión de los funcionarios de Migración, sin duda, tuvo el antecedente de la declaración de la Cancillería por la cual Bolivia no condena la invasión rusa a Ucrania. Casi el resto del mundo ya había condenado la agresión. El Gobierno incurrió en omisión al no prevenir a sus estructuras de que la declaración de Relaciones Exteriores, no implicaba negar el derecho de refugio, si hemos de pensar con generosa buena fe. Ante la crítica general, el Gobierno rectificó tardíamente la negativa.
Seguidamente tenemos el voto de abstención en la condena de la mayoría de los países contra le agresión rusa. Dicha abstención fue asumida por los embajadores de la ONU y la OEA, Diego Pary y Héctor Arce, respectivamente. En la Asamblea de la ONU 141 países condenaron la actitud bélica abusiva contra un país libre y democrático.
Más allá de esas actitudes sesgadas por una ideología extremista que agrava nuestro aislamiento internacional, el presidente Luis Arce se embarca en contradicciones e indiscreciones diplomáticas tanto en Santiago como en La Paz, intentando corregirlas después de sufrir reveses del flamante presidente chileno Gabriel Boric. En efecto, como sus correligionarios del MAS, Arce abrigó la idea casi infantil de que, con el izquierdismo populista de ambos presidentes, el país podría acceder al océano. Con ese talante, en la posesión de su homólogo, Arce se prodigó en alabanzas. Manifestó a su par una decisión de restablecer relaciones diplomáticas, suspendidas desde los años 60.
De regreso al país, ratificó su optimismo de obtener salida soberana al mar. Boric en una entrevista internacional dijo que Chile “no negocia su soberanía”. Esta negativa expresa, ocasionó otra contradicción. El presidente Arce manifestó el 23 de marzo, Día del Mar, que no se allanarán las relaciones diplomáticas mientras Chile no dé solución al enclaustramiento boliviano. El país vecino tiene como política de Estado, lamentablemente, su cerrazón a saldar esa deuda pendiente con Bolivia. Ojalá que en La Haya no suframos otra frustración como con la demanda marítima.

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