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Rusia, con su guerra a Ucrania, causó muchos males al mundo

El tirano ruso, Vladimir Putin, con su guerra a Ucrania, causó mucho daño a todo el mundo aunque nadie pudo cuantificar los males esparcidos no solamente con las tropas invasoras causantes de centenares de heridos y muertes y destrucción de viviendas, edificios e instalaciones; la humanidad se ha sentido conmovida por los excesos cometidos y ha exigido que los organismos internacionales adopten medidas que permitan frenar tanta matanza y destrucción; pero, sensiblemente, todo fue vano porque la manía por la guerra y los fanatismos por destruir un país como es Ucrania, han podido más que cualquier sentimiento hasta el extremo de convencer a su ejército que no vacile en disparar contra todos en las ciudades invadidas. Bebes recién nacidos, niños de toda edad, mujeres embarazadas y muchas de gravedad en hospitales, escuelas y colegios, clínicas y sitios de reposo han sido campos de batalla; industrias, comercios y sitios de producción, sistemas de transporte y lugares de trabajo y empleo, compañías de servicios como electricidad y agua potable fueron blanco de soldados fanatizados por las arengas de los partidarios de Putin y se han visto extremos que han lastimado, herido y dado muerte a todo tipo de personas.
Parte del pueblo ucraniano se ha visto obligado a emigrar, salir de su país y pedir asilo y cobijo en naciones vecinas y muchos de ellos, al saber que nadie frena la acción brutal de los rusos, han decidido volver a su tierra para defenderla. Todo lo que se hace no alcanza para paliar o aliviar el sufrimiento del pueblo y empezando por niños, ancianos y personas de toda edad están decididos a impedir que la invasión destruya todo. Los dramas que se viven en las ciudades y pueblos arrasados son infinitos y decir cuánto se ha destruido siempre será poco, especialmente si el sufrimiento se une a las lágrimas, el luto y las muertes de inocentes. Pero los males se extienden sin límite porque hay enfermedades ya erradicadas que retornaron para causar más enfermos, hay miles de personas contagiadas por el virus y otras, muchas que esperan turnos para ser enterradas; niños huérfanos o con ausencia de sus padres y sin familiar que vele por ellos.
Y los males no sólo son internos de pueblos de Ucrania, sino que han pasado a ser parte de todo el mundo porque los artículos de uso y consumo subieron de precio y tienen que competir con los índices inflacionarios que suben; países y ciudades en los que faltan alimentos y medicinas que aun estando lejos, sufren los males esparcidos por la guerra. Ninguna nación con todos sus poblados sufre por los temores que se expanden sin freno alguno. Organizaciones internacionales, empezando por Naciones Unidas y la Unión Europea, han fracasado en todas sus gestiones y lo que hagan no tiene visos de solución; además, todas ellas no tienen autoridad alguna para frenar la insania de quien busca destruir y matar sin ápice de misericordia. ¡Queremos vivir, no nos maten! ¡Esta vida y esta patria son nuestras… no las destruyan! Estos y otros gritos pidiendo respeto y amor a sus derechos seguramente confluyen en los corazones y mentes de los ucranianos que piden lo que es de ellos. Todos los países, junto a Ucrania, padecen los males de la guerra y reclaman su derecho para vivir; pero, el mundo, de los que disponen matar, no oye ni siente ni piensa en los que padecen y solo esperan seguir viviendo en pro de un mundo siempre ansioso de vivir en paz.
Así, ante la impotencia, la humanidad se ve impelida a sobrevivir con la esperanza de que se cambie, se troque la maldad con el bien hecho bondad para suspender la guerra para no permitir más que la muerte cercene permanentemente a muchas naciones que por los yerros de uno de los dirigentes, Vladimir Putin, la concordia se aleje y sean miles los hombres condenados a espectar más muertes. Lo único que resta es que se abran espacios en la vida de la humanidad para entender que no se puede obrar impunemente en beneficio de las ambiciones y la maldad de quienes buscan el restablecimiento de ideologías malsanas e imposición de voluntades ajenas al bien común y que complotan hasta contra Dios.
Los extremos a que ha llegado Putin son diversos y horrorosos porque en todos los continentes se sienten los extremos rusos no solamente con las bombas y estallido de muchas armas sino por el trato indiscriminado contra bebés, niños, jóvenes y gente de toda edad que se ven obligadas a soportar serie de medidas contra los derechos humanos y, además, mostrar la disposición de terminar con Ucrania y sus pueblos, acabar con su gente como si se tratara de personas muy ajenas a lo que fue el imperio soviético que ha expandido tanto sus dominios y causado daños incontables. Rusia, presionada por su presidente Vladimir Putin no declinará en sus intenciones de dominar totalmente a países que se opongan a lo que disponga un régimen dispuesto a todo con tal de tener el dominio absoluto y no encontrar oposición alguna en ninguna parte de ese territorio.
Lo grave de la situación es que no existe entidad o institución que ponga freno a Rusia y el dominio inmisericorde continuará indefinidamente. La población mundial se pregunta ¿Hasta cuándo esta dictadura? Hasta ahora, empezando por el Papa Francisco, ningún país parece dispuesto a contradecir lo que diga o haga Putin y el ejército continuará lanzando misiles, destruyendo ciudades, conculcando derechos, destruyendo escuelas, hospitales y edificaciones de departamentos con el objetivo siniestro de dominar totalmente a Ucrania. Mientras siga esta tiranía no habrá freno alguno y continuará el reguero de sangre, la destrucción de lo que costó años de trabajo e inversiones importantes.

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