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Evaluación del aprendizaje, tarea permanente

La simple implementación de modelos y estrategias de enseñanza centradas en los estudiantes no debe ser considerada como sola garantía de calidad educativa. Esos instrumentos pedagógicos deben ser constantemente evaluados.
Debemos preguntarnos, para conocer el nivel de la calidad educativa, ¿qué es la evaluación del aprendizaje? Si le preguntamos a un estudiante, probablemente dirá: exámenes, pero un maestro podría responder: se lo hace durante el proceso de enseñanza, aunque no de manera constante, porque requiere mucho tiempo y no podemos hacer solo evaluaciones, se tiene que desarrollar contenidos.
Por si lo anterior fuera poca cosa, habitualmente los docentes vivimos con falsas expectativas y premisas, creyendo que todo lo que enseñamos es aprendido por los estudiantes. No es así. Por ello, la única manera de tener mayor claridad sobre el impacto de la educación en los estudiantes es hacer una evaluación adecuada, alineada con los currículos y los métodos de enseñanza que suministran resultados interpretables y útiles para los diferentes actores del proceso educativo.
Los maestros que hacen evaluación requieren teoría y guías metodológicas para mejorar la calidad de sus funciones. Pueden fortalecer esos procesos mediante discusión teórica y presentación sintética de algunos instrumentos y estrategias de evaluación del aprendizaje.
Debemos hacer un cambio sustantivo para orientar la pedagogía hacia el aprendizaje, reconociendo y valorando la diversidad de los estudiantes. Para una pedagogía de la diversidad es clave trabajar una evaluación formativa, fundamentada en los aprendizajes previos de los estudiantes respecto a las competencias que se busca desarrollar. En esta perspectiva, la pedagogía y la evaluación se integran en el proceso, adquiriendo esta última un rol clave, no como la sanción que ocurre al final, sino como la que provee la información que orienta en el proceso formativo.
No basta con revisar currículos prescritos, sino que se debe deconstruir y reconstruir los currículos vividos por los estudiantes, lo que implica modificar prácticas metodológicas y evaluativas arraigadas en las escuelas.
Los maestros usan diversos tipos de evaluación, pero en las interacciones en el aula, es posible que el profesor en realidad no identifique la evaluación como una herramienta que promueve el aprendizaje de los estudiantes (Ravela, 2017).
La evaluación del aprendizaje es un proceso de comunicación interpersonal, que presenta las complejidades de la comunicación humana; donde los papeles de evaluador y evaluado pueden alternarse e, incluso, darse simultáneamente. Comprender la evaluación del aprendizaje como comunicación es vital para entender por qué sus resultados no dependen solo de las características del «objeto» que se evalúa, sino, además, de las peculiaridades de quienes evalúan y de los vínculos que establezcan entre sí.
Una importante característica de la evaluación del aprendizaje es la interrelación entre evaluador y evaluado. De hecho, el objeto sobre el que recae la evaluación es otra persona –individual o en grupo– que se erige como sujeto de la acción y coparticipa, en mayor o menor medida en la evaluación. Aún más, para el caso de la evaluación del aprendizaje, la pretensión debe ser que el evaluado esté en capacidad de devenir su evaluador (González Pérez, 2001).
Entonces la evaluación educativa depende de la metodología utilizada, la calidad del proceso y el uso que se hace de los resultados, como la validez, confiabilidad, justicia, equivalencia, factibilidad, efecto educativo y su aceptabilidad, que darán confiabilidad al uso de las estrategias metodológicas.

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