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Ciclo 2026-2027 en el país

Fenómeno de El Niño exige repensar el modelo de producción actual

La situación agropecuaria para el ciclo 2026-2027 en Bolivia, atraviesa un punto de inflexión crucial. El impacto rezagado y continuo de eventos climáticos extremos como el fenómeno de El Niño (que ha traído sequías prolongadas, heladas y alteraciones pluviales) exige repensar de manera urgente el modelo de producción actual y ante la volatilidad de los precios de productos, se hace indispensable blindar las cadenas agroalimentarias, una meta anunciada por el Gobierno en el Día Mundial de la Alimentación, celebrada el 16 de octubre.
Bolivia celebra su riqueza de la tierra reafirmando el compromiso de erradicar el hambre, proteger la biodiversidad de los sistemas alimentarios y garantizar una nutrición sana, soberana y justa para todas las familias bolivianas, donde el Seguro Agrario pondrá su granito de arena para resguardar la producción agropecuaria, señalan los responsables del tema agrícola.
Frente al preocupante panorama del consumo per cápita, condicionado por la volatilidad de precios en alimentos de la canasta básica (como el arroz, el aceite y la carne), se hace indispensable blindar las cadenas agroalimentarias locales para garantizar la disponibilidad y el acceso oportuno a nutrientes esenciales para la población boliviana, señala el documento presentado el pasado fin de semana.
Para enfrentar esa realidad, la propuesta central radica en articular a todos los actores del Triángulo Productivo (Estado, productores y mercado) e integrarlos con la academia y los institutos tecnológicos. Esta alianza estratégica permitirá potenciar las Unidades de Producción Agropecuaria (UPAs) de pequeña y mediana escala a través de la transferencia técnica.
Además, es imperativo establecer una simbiosis entre la ciencia moderna y el conocimiento ancestral. La sabiduría de los pueblos indígena-originario-campesinos en la lectura climática y el manejo agroecológico del suelo debe fusionarse con la biotecnología aplicada, el riego tecnificado y los datos meteorológicos modernos para forjar un agro verdaderamente resiliente, destaca la nota.
En el evento realizado el pasado viernes indicaron que bajo los preceptos del diseño de planificación y organización territorial del Estado, surge la necesidad de profundizar la visión de las 7 macrorregiones agroalimentarias tradicionales hacia una fragmentación geográfica, territorial y espacial más detallada.
Esta micro-regionalización se fundamenta en el espíritu de gestión comunitaria, equidad y bien común estipulados en la Constitución Política del Estado (CPE) en sus artículos sobre organización territorial (Art. 269 y ss.). Al mapear con mayor precisión técnica cada nicho ecológico y microclima, se pueden descentralizar las políticas públicas con base en las vocaciones productivas reales de cada comunidad, maximizando la eficiencia de los suelos y el agua de forma sostenible, detalla el documento del Responsable de GdR e Innovación Tecnológica INSA, Lucio Tito V.
Al articular las soluciones a través de un modelo descentralizado de fragmentación territorial y de unificar las capacidades de la ciencia de las universidades con la resiliencia comunitaria campesina, Bolivia logrará mitigar los impactos climáticos críticos de El Niño, asegurando que el plato de comida de las familias bolivianas sea sano, soberano y económicamente accesible para el final de la década, sostiene.
Riesgos
El país enfrenta un escenario de riesgos ambientales asociado a los efectos del fenómeno de Súper Niño 2026-2027, la deforestación y la creciente vulnerabilidad de sus ecosistemas, según el director de Conservación Internacional, Eduardo Forno.
En declaraciones a Erbol, el especialista advierte que las lluvias intensas podrían provocar inundaciones en la Amazonia y los valles, mientras que las condiciones de sequía en el oriente y el sur del país elevan la preocupación por la propagación de incendios forestales.
Frente a esos riesgos, plantea la necesidad de fortalecer las medidas de prevención y recuperar las capacidades institucionales para anticiparse a los desastres, en lugar de concentrar los esfuerzos cuando las emergencias ya han adquirido grandes dimensiones.

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