El Banco Central de Bolivia (BCB) mantendrá una orientación contractiva de la política monetaria durante el último tramo de 2026, debido a que persisten riesgos sobre la evolución de los precios, pese a la reducción de la inflación interanual registrada hasta septiembre.
Según el Reporte de Inflación y Política Monetaria correspondiente al tercer trimestre, la inflación interanual bajó de 9,2% en junio a 5,7% en septiembre, mientras que la inflación núcleo se situó alrededor de 1,2%. El ente emisor atribuyó este comportamiento, entre otros factores, a las medidas monetarias aplicadas durante el periodo.
El BCB advirtió, sin embargo, que el proceso de ajuste todavía no está consolidado debido a las presiones provenientes de los componentes no núcleo, la evolución de los precios al productor y una mayor frecuencia de incrementos en distintos bienes y servicios.
Pese al descenso observado hasta septiembre, la entidad ratificó su previsión de una inflación de 9,2% al cierre de 2026, por debajo del 20,4% registrado en 2025. Explicó que los niveles observados en agosto y septiembre fueron inferiores a los previstos, situación que permitiría compensar parcialmente el efecto del nuevo precio del diésel.
En materia monetaria, el Banco Central informó que durante el tercer trimestre continuó la aplicación del nuevo esquema que utiliza la Base Monetaria como ancla nominal. Para regular la liquidez recurrió a operaciones de mercado abierto, ajustes en la tasa de encaje legal y otros mecanismos de reservas monetarias. Según el reporte, estas medidas no impidieron que el crédito continuara creciendo.
En el mercado cambiario, el ente emisor señaló que avanzó hacia una mayor flexibilización y que, frente a las presiones registradas en las primeras semanas del trimestre, realizó intervenciones graduales mediante la oferta de divisas y operaciones destinadas a retirar liquidez del sistema.
El BCB sostuvo además que dispone de reservas internacionales líquidas para intervenir cuando las condiciones del mercado lo requieran. También reportó una reducción de sus pasivos en moneda extranjera después de recuperar el oro que se encontraba pignorado, cancelar operaciones de reporto y avanzar en la devolución de fondos pendientes.
Respecto a la actividad económica, el informe señala que la caída se moderó durante julio y agosto, aunque todavía no se observa una recuperación generalizada. La minería, impulsada por los precios del oro y la plata, junto con la agricultura, los servicios básicos y la intermediación financiera, contribuyó a sostener la actividad.
En contraste, la manufactura, la construcción, el comercio y el transporte continuaron afectados por las dificultades vinculadas con la disponibilidad de carburantes.
