Bolivia es una sociedad capitalista atrasada, ámbito en el que las desigualdades son casi naturales, pero resulta que tal naturalidad está creciendo en términos geométricos.
Existe una especie de remedo de burguesía interna que no alcanza a ser industrial, pero que de todas maneras concentra parte de la mayor cantidad de riqueza, radicada especialmente en el oriente y que como antaño se decía “vive parasitariamente adherida a la teta del Estado”, aunque en los últimos tiempos existe succionando los fondos de los pobres jubilados abusivamente “confiscados” en la usurpadora “Gestora Pública”.
En el otro extremo se ubica el proletariado en proceso de extinción, cuya mayor expresión constituían los mineros asalariados por su condición de sobreexplotados y sus miserables condiciones de vida.
Esa situación hoy ha cambiado, los mineros se han convertido en una “aristocracia sindical”, producto de la “relocalización” dispuesta por el Decreto Supremo 21060.
San Cristóbal, una de las minas más ricas del mundo en zinc, plata y plomo, en el año 2000 estuvo en manos de Apex Silver Mines Limited, compañía registrada en las Islas Caimán, cuyo inversionista institucional fue George Soros, para quien trabajó Juan Ramón Quintana, el exministro influyente de Evo Morales. En 2008 San Cristóbal fue vendida a Sumitomo, tiempo que marca el cambio de la situación de los mineros.
Estas empresas extranjeras al introducir tecnología de punta no requerían de mano de obra y despidieron a gran número de mineros y a los pocos que quedaron se les aumentó el salario en proporciones nunca vistas, dejando de ser proletarios, convirtiéndose éstos en “aristócratas obreros”.
Estos nuevos mineros ricos formaron parte de uno de los ‘factores de poder´ de los gobiernos del MAS, de ahí que su activismo no es propiamente por las reivindicaciones del pueblo en general, sino por la preservación de sus intereses económicos personales y sectoriales.
Como ya se sabe, los mineros asalariados de las empresas estatales Huanuni y Colquiri, dependientes de Comibol, perciben suculentos salarios que van desde los 30.000 bolivianos mensuales hasta más de 80.000 bolivianos, contrastando con el salario mínimo nacional de Bs. 3.300 del resto de los trabajadores. Esto explica por qué la Central Obrera Boliviana (COB) se constituyó en un simple instrumento del gobierno masista.
Los mineros cooperativistas son un punto aparte, constituyen parte de la nueva oligarquía y los trabajadores mineros tanto de Huanuni como de Colquiri, sus aliados subalternos. Algunas de estas agrupaciones aparecen como “cooperativas”, cuando en realidad son organizaciones extranjeras ilegales las que operan ilegalmente bajo este enmascaramiento cooperativo.
Por su parte, la clase media va sufriendo profundos cambios, produciéndose la incursión en su seno de minoritarios sectores otrora marginales, producto de las acciones de cooptación y corrupción generadas por los gobiernos masistas, (interculturales, bartolinas, etc.) otros incorporados en el contrabando, en la administración pública, en el narcotráfico, blanqueo de dinero en general, etc., que ofician de nuevos empresarios.
Algunos sectores de la clase media alta persisten en mantener su situación; gran parte de la clase media media está depauperándose e ingresando aceleradamente en la franja de pobreza y la mayor parte de la clase media baja virtualmente ha pasado al empobrecimiento.
Globalmente la mayor parte de la población, aproximadamente el 80 por ciento, se encuentra marginada, en estado de pobreza, formando parte de la llamada economía informal o de supervivencia, con ejércitos de gremialistas, vendedores ambulantes, cuentapropistas, emprendedores, artesanos, etc.
Este es apenas un mapeo genérico de la composición social boliviana. No estaría demás, que para estar bien orientado, cada uno se pregunte: ¿Yo, a qué clase social pertenezco?, ¿Qué profesión u oficio tengo?, ¿Cuál es mi situación económica?, ¿Qué perspectivas tengo?
El autor es jurista.
