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Mutación de personalidad

Gonzalo Peñaranda Taida

Hasta la llegada de los años 80, más o menos, rigió en el país una gerontocracia aplastante, es decir, estaba impuesta en nuestro medio una organización social en la que los cargos de toma de decisiones estaban ocupados mayoritariamente por adultos mayores, creyendo que la edad proporciona sabiduría, prudencia y conocimiento acumulado para guiar a la comunidad.
De hecho era impensable que un joven, así tuviera capacidades intelectuales destacables, pudiera ocupar un cargo de importancia. Así lo prueba si se mira la composición humana de la Corte Suprema de Justicia, por ejemplo, todos sus presidentes, ministros y cuerpo administrativo jerárquico correspondían o lindaban en la tercera edad.
Hasta en las universidades, que eran todas públicas y que de ellas eran esperadas posiciones progresistas y sensatas, solamente personas adultas eran las que accedían a la cátedra. Situación extendida a toda la actividad pública y privada, aunque es de reconocer que existían viejos de gran nivel intelectual, que su sola presencia inspiraba respeto.
Hoy se vive una situación opuesta a ese “reinado de los ancianos”. La tecnología digital, producto del desarrollo del “capitalismo tardío”, que se aplica con mayor facilidad en las “mentes blancas” o “vírgenes” de los jóvenes, da lugar a la preeminencia de éstos, lo cual por sí mismo no es malo.
El problema emerge cuando es la máquina o la técnica digital en su conjunto la que ejerce influencia descomunal o poder determinante sobre el sujeto humano. Casi todo el conocimiento y los procesos mentales que permiten recibir, procesar, almacenar y recuperar información del entorno están dados por la técnica digital.
Sin ingresar en detalles –conocidos por casi todos– este mecanismo es el que forma la personalidad del joven, lo que significa establecer nuevos parámetros de vida; es decir, ‘cambia’ los valores conocidos o sencillamente los ‘abstrae’ o ‘desconoce’, por tanto es posible hablar de la existencia de “una nueva generación” que posee nuevas y distintas visiones y comportamientos diferentes en la sociedad.
Estos nuevos comportamientos son observados cotidianamente en la política, la familia, la actividad económica, en la “justicia”, en las relaciones de amistad, en el arte, la moda, etc. Para los que no forman parte de esta “nueva generación” (que no siempre es cronológica) es incomprensible y hasta rechazable la conducta que adopta la gente de la “nueva generación”, la “generación de la máquina”.
La presencia de esta nueva personalidad provoca serias distorsiones estructurales. Así tomando el caso, por ejemplo, solo de la administración de la justicia, donde los “operadores” de sentencias emiten fallos desprovistos de valores y principios elementales, sumen en desesperación a las víctimas ciudadanas.
Si se quiere observar con mayor facilidad esta “nueva personalidad”, véase la acción cotidiana de los políticos, pues muchas de sus acciones repulsivas son respondidas con pasmosa y “natural” tranquilidad y sonrisas, sin que se les mueva un solo pelo: lo que sucede es que la “nueva generación” ¡ha mutado de personalidad!

El autor es jurista.

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