Este 24 de septiembre, Santa Cruz conmemora 216 años de su revolución independentista. Es una fecha para celebrar una identidad construida a lo largo de generaciones, pero también para reconocer una historia de esfuerzo, de luchas y de resiliencia. La transformación de Santa Cruz es una de las experiencias más importantes de desarrollo económico y social que ha producido Bolivia.
Durante buena parte de su historia fue una región aislada, con una economía predominantemente agrícola y enormes dificultades de conexión con el resto del país. El desarrollo cruceño no es consecuencia automática de un plan estatal. Tampoco es resultado exclusivo de la iniciativa privada. Es la consecuencia de una combinación virtuosa entre infraestructura, instituciones, inversión, trabajo, emprendimiento y una sociedad convencida de que progresar es posible.
Las carreteras y los ferrocarriles rompieron el aislamiento. Las cooperativas y la expansión de los servicios acompañaron el crecimiento. La agropecuaria y la agroindustria transformaron la estructura productiva. Los hidrocarburos, la construcción, el comercio, la banca, los servicios y la actividad inmobiliaria profundizaron la diversificación. Detrás de todo ello se consolidó un tejido social de productores, comerciantes, profesionales, académicos, artistas, empresarios y emprendedores que fueron creando instituciones, redes, bienestar y confianza.
La burguesía cruceña tuvo la lucidez para entender que el crecimiento económico podía convertirse en movilidad social. Santa Cruz supo convertir la migración en una fuente de capital, conocimiento, trabajo y capacidad emprendedora. Así se produjo un círculo virtuoso: más población significó más mercado; más mercado atrajo inversión; más inversión generó empleo; y las nuevas oportunidades volvieron a atraer personas.
Por eso, el mayor patrimonio de Santa Cruz no está solamente en sus recursos naturales, en su producción o en el tamaño de su economía. Está en la idea de que es posible progresar mediante el trabajo, la inversión y el emprendimiento. En la actual coyuntura boliviana, esa experiencia adquiere una dimensión especial.
Sin embargo, la experiencia cruceña tampoco es razón para caer en la autocomplacencia. Santa Cruz enfrenta hoy problemas que pueden comprometer su capacidad de seguir creciendo: movilidad urbana, infraestructura insuficiente, expansión desordenada, servicios básicos, seguridad ciudadana y ordenamiento territorial.
El departamento necesita fortalecer su seguridad jurídica y mejorar su clima de negocios. Una región que quiere continuar atrayendo inversiones precisa reducir burocracia, facilitar la creación y expansión de empresas y ofrecer condiciones que permitan competir.
Las empresas cruceñas tienen que elevar la productividad, incorporar tecnología, desarrollar capital humano y generar mayor valor agregado. La agroindustria y la ganadería seguirán siendo pilares fundamentales, pero el desafío está en construir cadenas más sofisticadas, industria, logística y servicios capaces de competir en mercados internacionales.
La sostenibilidad ambiental también forma parte de ese futuro. La protección de bosques, agua, suelos y biodiversidad debe ser compatible con una economía productiva y competitiva.
Su mayor desafío es convertir su experiencia en una contribución nacional. No se trata de pretender que Bolivia sea Santa Cruz, sino de procurar que los principios que permitieron la transformación cruceña sean apropiados por todo el país.
Santa Cruz tiene derecho a sentirse orgullosa de lo que ha construido. Ese orgullo no nace de compararse con otras regiones ni de levantar barreras. Nace del reconocimiento de una sociedad que decidió trabajar, invertir, emprender y abrirse a quienes llegaron desde otras partes de Bolivia y del mundo. A 216 años de su revolución, Santa Cruz puede mirar su historia con satisfacción, pero también con responsabilidad.
Porque su tarea pendiente no es demostrar cuánto ha logrado. Es demostrar que todavía puede lograr mucho más. Ese es quizás el mejor homenaje a los hombres y mujeres que hace 216 años iniciaron la lucha por la libertad: defender hoy las condiciones que permitan a cada boliviano construir su propio futuro.
El autor es Industrial y ex Presidente de la Confederación de Empresarios Privados de Bolivia.
