En las últimas semanas, se ha observado una tendencia decreciente en el Tipo de Cambio Oficial (TCO) publicado por el Banco Central de Bolivia (BCB), un fenómeno que desde las esferas oficiales podría interpretarse como un éxito de la política económica. Sin embargo, un análisis del sistema financiero revela que esta apreciación es, en realidad, una falsa calma. El dólar no está bajando por un incremento en la oferta de divisas, ni por un shock positivo de exportaciones, sino porque se ha contraído el excedente de liquidez en moneda nacional y porque algunas entidades financieras realizaron operaciones cambiarias por debajo del resto, lo que afectó al cálculo (promedio ponderado por monto) que realiza el BCB para determinar el precio del dólar.
Contraer el excedente: El motor de la caída
Por un lado, al reducirse los bolivianos excedentarios en el mercado, se encarece el acceso a la moneda nacional y, por ende, disminuye la capacidad de demandar dólares. Las recientes medidas por parte del ente emisor, como la activación de la Reserva Monetaria Restringida (RMR), redujeron el excedente de encaje legal en el sistema financiero. Al inmovilizar una parte de la liquidez, el Banco Central ha ejecutado una contracción monetaria de manual, retirando una parte del dinero con el que operaba el mercado cambiario.
La paradoja de las utilidades: Del crédito al ‘trading’ cambiario
El resultado empírico de esta distorsión es ineludible: la intermediación tradicional se frena. Los datos financieros a julio de 2026 muestran que la tasa de crecimiento de la cartera de créditos se ha desplomado a un preocupante 2.8%. ¿Cómo se explica entonces que, a pesar de este estancamiento, el sistema registre niveles de utilidades netas tan altos?
La respuesta está en la mutación del negocio bancario. Ante la asfixia del crédito, las EIF han encontrado su principal motor de rentabilidad en las operaciones de compra y venta de dólares y en los ajustes por diferencia de cambio. Hoy, una parte sustancial de las ganancias récord del sistema ya no proviene de financiar el desarrollo o la producción, sino de administrar la escasez y arbitrar la volatilidad del mercado cambiario.
La fragilidad del TCO: Un promedio a merced de los grandes volúmenes
Esta mutación hacia el trading de divisas introduce una vulnerabilidad estructural poco discutida en el sistema. La metodología actual del Banco Central establece que el TCO para el día siguiente se calcula mediante un promedio ponderado por los montos transados en las operaciones cambiarias de las Entidades de Intermediación Financiera (EIF). En la práctica, esta fórmula matemática significa que, si una sola entidad ejecuta volúmenes inusualmente grandes en una jornada, ya sea empujando el precio al alza o a la baja, tiene la capacidad de arrastrar y distorsionar considerablemente la cotización oficial para todo el sistema al día siguiente. El precio de referencia de la economía queda así expuesto y altamente sensible a los movimientos de tesorería de unos pocos actores, alejándose aún más de un verdadero equilibrio macroeconómico.
Un “éxito” que condena a la economía real
El Gobierno no está otorgando el margen regulatorio ni el espacio necesario para que la banca reactive la colocación de créditos. Celebrar la caída del tipo de cambio paralelo bajo estas condiciones es equivalente a celebrar que un paciente ha dejado de toser porque se le ha oprimido el pecho. Frenar la especulación cambiaria encareciendo el capital de trabajo de las empresas no es una victoria macroeconómica sostenible. Con este ritmo, el remedio temporal para estabilizar la moneda nos condena, de manera silenciosa, a una recesión productiva.
El autor es Analista del Sistema Financiero y Contexto Macroeconómico.
