Por M.A. Arq. Cecilia Vania Burgoa Diaz
Cuando pensamos en creatividad, solemos imaginar una mente trabajando intensamente hasta encontrar una gran idea. En arquitectura y diseño, esta percepción puede llevarnos a creer que mientras más horas permanezcamos frente a un boceto, una maqueta o una pantalla, mejores serán los resultados. Sin embargo, crear no significa producir de manera ininterrumpida.
Durante una investigación que desarrollé sobre creatividad y enseñanza en talleres de diseño, evidencié un aspecto para reflexionar desde el ámbito de bienestar, las pausas como parte del proceso creativo.
Graham Wallas ya planteaba, en 1926, la “incubación” como una etapa en la que la persona se distancia temporalmente del problema antes de volver a él. En el diseño sucede algo parecido. Pensamos, probamos, retrocedemos, conversamos, observamos y volvemos a intentar. El proceso creativo no siempre sigue una línea continua ni necesita mantenerse activo todo el tiempo.
Esta reflexión cobra importancia en una vida cotidiana marcada muchas veces por largas horas de trabajo, presión por alcanzar resultados y dificultad para desconectarnos de nuestras tareas. En los talleres de arquitectura, por ejemplo, los estudiantes pueden permanecer durante periodos prolongados concentrados en producir. Cuando el cansancio, el aislamiento o la presión comienzan a dominar la experiencia, aquello que debería ser exploratorio y estimulante puede convertirse en una actividad agotadora.
Una pausa no significa abandonar lo que estamos haciendo. Caminar, conversar, comer, descansar, observar el entorno o simplemente alejarnos unos minutos de una tarea puede permitirnos regresar con otra disposición. Cuidar los momentos de descanso también forma parte de cuidar nuestro bienestar emocional, mental y social.
Mihaly Csikszentmihalyi (1996) señalaba que la creatividad no se encuentra únicamente en la mente de una persona, sino que surge de su interacción con el contexto. Esto nos recuerda que las ideas también se alimentan de las personas, los espacios y las experiencias que nos rodean.
Considero que esta reflexión trasciende el aula y se extiende a oficinas, estudios, universidades e incluso nuestros hogares, puesto que son espacios que pueden ofrecer alternancia entre concentración, descanso e interacción.
Cuidar nuestra creatividad también implica cuidar nuestra manera de trabajar. A veces, para continuar creando, necesitamos permitirnos detenernos.
