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Tupiza, una bomba de tiempo

Jhonny Salazar Socpaza

En pleno Siglo XXI, el manejo de los residuos sólidos sigue siendo una de las deudas históricas más alarmantes en Tupiza, Potosí. Mientras que las urbes modernas avanzan en el uso de tecnologías de residuos cero y hacia la economía circular (modelo de producción y consumo basado en reutilizar, reparar y reciclar materiales sólidos), la región continúa dependiendo de la acumulación de basura al aire libre.
El botadero municipal está cerca de la zona de Pukapampa, ampliamente poblada, la carretera hacia Toroyoj y el acceso al atractivo turístico más importante de la región, el Ecoparque Encantado, que permanentemente reúne turistas de diferentes partes del mundo. Los residuos sólidos están esparcidos, además, desde donde comienza el camino que conecta el barrio Aguadita Norte con Pukapampa.
Respecto a la gestión de residuos sólidos, se estima que en la zona urbana la producción per cápita es de 0,33 kilogramos por habitante al día, equivalente a un total de 15 toneladas al día y 5.475 toneladas al año, según la Empresa Municipal de Aseo y Ornato de Tupiza (EMAOT).
Durante las fiestas de fin de año —período de mayor movimiento comercial, el ingreso de diversos productos y la llegada de visitantes del interior del país— la cifra sube a 18 toneladas al día. El crecimiento poblacional y económico generará mayores volúmenes de residuos sólidos. El municipio de Tupiza cuenta con una población de 45.590 habitantes en el área urbana y rural (Instituto Nacional de Estadística, CPV 2024).
Una bomba de tiempo. Dejar los desechos expuestos a la intemperie no es solo un problema estético o de mal olor; es una crisis de salud pública y un atentado directo contra la Madre Tierra. Mantener un botadero a cielo abierto equivale a convivir con un foco constante de contaminación activa. Las repercusiones ambientales y sanitarias son profundas y acumulativas, y van de amenazas directas a la salud de los habitantes de esta región.
La acumulación descontrolada de materia orgánica atrae ratas, moscas, mosquitos y perros callejeros. Éstos actúan como puentes de transmisión causantes de dengue, rabia, infecciones gastrointestinales y leptospirosis (infección bacteriana causada por microorganismos que se transmite a los seres humanos a través del contacto con la orina de roedores y perros infectados).
El botadero municipal contribuye a la contaminación de fuentes de agua (lixiviados). Cuando llueve, el agua se filtra a través de los cerros de basura, absorbiendo metales pesados y compuestos químicos. Este líquido negro y altamente tóxico, conocido como lixiviado, se filtra hacia el subsuelo, contaminando los acuíferos subterráneos y los ríos cercanos, inutilizándolos para el consumo y riego.
El suelo circundante pierde por completo su fertilidad debido a la toxicidad química. Paralelamente, la descomposición de la materia orgánica genera grandes cantidades de metano y dióxido de carbono, potentes gases de efecto invernadero que aceleran el cambio climático y provocan incendios espontáneos difíciles de controlar.
La inacción o la demora en la gestión de residuos ya no puede justificarse bajo la alfombra de la burocracia o la falta de consensos. Las autoridades municipales, departamentales y la entidad municipal de aseo tienen la obligación constitucional de garantizar un medio ambiente sano y seguro para sus habitantes.
Es imperativo destrabar los conflictos sociales y económicos que frenan proyectos cruciales, realizar las inversiones necesarias en infraestructura y priorizar la transición inmediata de botaderos provisionales a sistemas técnicos de disposición final. La salud de las familias tupiceñas y el futuro de nuestras tierras agrícolas no pueden seguir esperando en la cola de las prioridades políticas.
El progreso de una región no solo se mide por sus carreteras o infraestructuras visibles, sino por la manera en que gestiona aquello que desecha. Es momento para que las autoridades de Tupiza asuman el reto de la sostenibilidad, cierren definitivamente el botadero improvisado que actúa como foco de infección y apuesten por la salud, la dignidad y el medio ambiente mediante rellenos sanitarios tecnificados.

El autor es Comunicador Social.

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